El Maestro del Prado

Planeta.

Barcelona (2013).

328 págs.

20 €.

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Javier Sierra (Teruel 1971) es un escritor que se ha especializado en la novela histórica y esotérica, con títulos muy leídos y vendidos también en el extranjero como La cena secreta, La ruta prohibida y El ángel perdido. En su nueva novela, El Maestro del Prado, utiliza los mismos ingredientes: ofrecer los enigmas y mensajes ocultos que, según él, aparecen de manera simbólica detrás de la realidad visible.

En este caso, la historia que se cuenta sucedió en los años 90 del siglo pasado y tiene como protagonista al mismo escritor, que acude a Madrid a estudiar periodismo. Sus frecuentes visitas al museo del Prado convierten ese lugar en su refugio y en su íntimo modo de gustar de la belleza. En una de sus visitas, contemplando el cuadro “La perla”, de Rafael, donde se retrata a la Sagrada Familia, se le acerca un enigmático personaje que se presenta como el doctor Fovel y que, en sucesivas visitas, se convertirá en su guía y maestro. El doctor Fovel le desvela los secretos ocultos, “sobrenaturales” que encierran muchos de los cuadros del Museo, de manera especial en la pintura renacentista, principalmente italiana.

Lo que le transmite el doctor Fovel al joven estudiante Javier Sierra es que lo “sobrenatural” y lo “místico” (siempre vistos en clave esotérica) está más allá de lo que aparece en el lienzo, que generalmente oculta ideas que se apartan de la ortodoxia de la Iglesia católica y, por lo tanto, son peligrosas; también esconden visiones proféticas igualmente censurables por la autoridad religiosa. Con estos preámbulos, pasan revista a algunas obras maestras de la pintura de Rafael, Leonardo, Botticelli, Tiziano, Juan de Juanes, El Bosco y El Greco, entre otros.

Estos datos simbólicos y ocultos que se esconden en algunas obras de estos pintores habrían sido solo evidentes para unos privilegiados que compartían con los respectivos artistas renacentistas sus ideas heréticas. El doctor y maestro Fovel abre al autor la puerta a una “nueva forma de contemplar nuestro pasado, teniendo más en cuenta las creencias profundas de sus protagonistas que los documentos o batallas, siempre sujetos a manipulación y retoque”. Vuelve a aparecer aquí la idea que se convierte en el hilo conductor de las obras de Javier Sierra: que para conocer la historia real hay que recurrir también a conocimientos de esoterismo y de hermetismo, más fiables que las interpretaciones que aporta tanto la historia como la Iglesia católica.

El autor consigue mantener la intriga con el análisis simbólico de las obras de arte comentadas, aportando datos que nunca se han considerado ni serios ni fiables por los historiadores y por los expertos en arte. Sierra siembra con habilidad la duda con interpretaciones ambiguas en las que no todo es mentira, pero tampoco toda la verdad.

Para este fin, el autor hace encaje de bolillos con algunas teorías, datos e interpretaciones históricas, algunas de ellas ciertamente ridículas y erróneas.

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