El libro del aire y de las sombras

Alfaguara. Madrid (2008). 552 págs. 20,19 €. Traducción: Alberto Coscarelli.

TÍTULO ORIGINALThe Book of Air and Shadow

GÉNERO

Jake Mishkin, abogado de la propiedad intelectual, se presenta a sí mismo amenazado de muerte por culpa de un manuscrito de incalculable valor que al poco empieza a revelársenos por sí solo: Richard Bracegirdle relata su complicidad en una trama que ha de involucrar a William Shakespeare en un turbio complot contra el rey. Tras el primer fragmento, un narrador externo trae a escena a Albert Crosetti y Carolyn Rolly, empleados de una acreditada librería de viejo, que consiguen salvar de un incendio algunos valiosos ejemplares. En uno de ellos se halla el códice de marras, que Crosetti vende, a espaldas de su jefe, a un erudito shakespeariano desprestigiado por un lamentable asunto. Poco después, el erudito es asesinado…

Michael Gruber ha conseguido dignificar, por fin, ese tipo de trhiller basado en códigos ocultos y tremebundas conspiraciones. Y lo ha hecho por la vía cervantina del humor y la sátira. Eso no quiere decir que estemos ante una intriga de guasa. Al contrario, El libro del aire y de las sombras constituye una señora novela negra, con todos los recursos del género a pleno rendimiento. Sólo que, en lugar de emplear el típico lenguaje, cortante y lacónico, de los Chandler o los McDonald, Gruber, experto en literatura inglesa, ha optado por la mejor tradición de la picaresca o de la gran narrativa británica del XVIII. De hecho, la narración de Mishkin se diría la de un Lázaro de Tormes o un Tristram Shandy. Como los pícaros, cuenta sus pormenores familiares, más bien poco edificantes: hijo de un mafioso judío, nieto de un oficial nazi por vía materna, su hermano mayor es también un gangster y su hermana se dedica la prostitución de lujo… Al igual que aquellos, expone cínicamente sus miserias morales, sobre todo sus infidelidades (lo que da lugar a más de un pasaje erótico), sin dejar de reconocerse pecador…

Es este último aspecto el que hace simpática su figura en el marco de la ficción actual y da lugar a alguna jugosa reflexión. Pues, como en sus modelos, las digresiones abundan, y en ellas brilla un ingenio y una claridad de juicio notables. El triple punto de vista narrativo (Mishkin, manuscrito de Bracegirdle, tercera persona) es también un acierto y da vigor a una trama que el buen trabajo del traductor permite saborear a placer.

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