El libro de los saberes

Siruela. Madrid (2008). 580 págs. 29,90 . Traducción María Condor.

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En El libro de los saberes, Constantin von Barloewen y Gala Naunmova, muy en la línea de la moda del diálogo intercultural, reúnen veintisiete entrevistas con intelectuales y científicos, todos con eco internacional, aunque unos más que otros. En la mayoría de los casos sus opiniones y posiciones son una especie de testamento porque o son muy ancianos o han fallecido.

La selección incluye a escritores (Adonis, pseudónimo de Alí Ahmed Said Esher, Carlos Fuentes, Nadine Gordimer, Czeslaw Milosz, Eli Wiesel, Amos Oz), funcionarios internacionales (Butros Butros-Ghali, Federico Mayor Zaragoza), científicos (Edwin Chargaff, Stephen Jay Gould, Ylya Prigogine, Edgard Teller), arquitectos (Philip Johnson, Oscar Niemeyer), filósofos (Leszek Kolakowski, Michel Serres, Paul Virilio, Julia Kristeva, Raimon Panikkar, Regis Debray), el politólogo Samuel Huntington, el antropólogo Claude Lévi-Strauss, el músico Yehudi Menunhin, el historiador Arthur Schlensinger, el experto en confucionismo Tu Wei-Ming y el cardenal Poupard. Se nota un predominio de los personajes de ascendencia judía: Chargaff, Oz, Wiesel, Menuhin, Lévi-Strauss…

Ante esta relativa variedad, no es posible encontrar ningún hilo conductor, aunque la conclusión parece anticipada en el prólogo de von Barloewen, cuando hace suya esta frase: “La humanidad ya no sabe adónde va porque no espera a nadie… ni siquiera a Dios”. Pero luego, en las entrevistas, algunos de los entrevistados más lúcidos, se encargan de desmentirla. Para Adonis, “Dios no muere nunca”. Kolakowski afirma: “Yo no espero el anunciado fin del sentimiento religioso”. Soyinka, por su parte: “Estamos llenos de deseos de trascendencia”.

Junto a eso también se encuentran cosas como el triste tópico de Lévi-Strauss quien, a sus noventa años, afirma: “La idea de disolverme en la nada no me inquieta”. O el imperturbable comunismo de Oscar Niemeyer para quien la política de Fidel Castro es “lo que yo llamo la victoria del valor”. O la pomposa retórica de Carlos Fuentes, hecha de grandes superficialidades que hace pasar por ideas.

Es notable que los literatos y filósofos hablen sólo de lo suyo, mientras que algunos de los científicos incluidos hablen sobre filosofía y religión, demostrando casi siempre que no por saber mucho de una cosa se sabe de todas.

El libro es útil como ejemplo de un panorama de opiniones de personas relevantes sobre las cuestiones, problemas, preocupaciones que serán, en gran parte, las del siglo XXI. Pero se trata de un panorama, junto a otros muchos que podrían orquestarse. Por eso, el subtítulo de “Conversaciones con los grandes intelectuales de nuestro tiempo” debería ser más exacto y modesto: “Conversaciones con intelectuales de nuestro tiempo”.