El laberinto de las aceitunas

Seix Barral.

Barcelona (1982).

271 págs.

450 ptas.

GÉNERO

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El innominado e improvisado detective que ya protagonizó El misterio de la cripta embrujada, un loco que lleva seis años internado en un manicomio, es requerido de nuevo por el comisario Flores, esta vez para que sirva de intermediario en la entrega de una fuerte suma de dinero exigida como rescate de un secuestrado. El robo del dinero, del que resulta víctima el personaje central, pone en marcha la multitud de peripecias que forman la novela.

Eduardo Mendoza, nacido en Barcelona en 1943, obtuvo el premio de la Crítica con su primera novela, La verdad sobre el caso Savolta, en la que ya demostraba sus notables dotes literarias. En El laberinto de las aceitunas narra unos intrincados episodios que se suceden sin respiro, descritos con vivacidad, humor y sentido del ritmo.

El autor, que en libros anteriores manifestaba una preocupación social, en esta obra se adentra decididamente por los derroteros de la intriga policíaca. El escenario y los tipos centrales son, sin embargo, los mismos: gente marginada y derrotada, delincuentes de baja estofa que miden sus escasas fuerzas con representantes del poder económico.

El estilo refleja la misma dualidad presente en el protagonista, un loco dotado de una paradójica lucidez para desentrañar enigmas y salir relativamente airoso de situaciones difíciles. El ambiente sórdido, que es el predominante en la novela, da lugar a detalles groseros, alusiones burdas y expresiones malsonantes, así como a la narración de sucesos escabrosos y amorales, en los que el autor hace gala de una acerada ironía con ribetes de cinismo. Pero, a la vez, intercala pasajes más elaborados con los que logra salvar la vulgaridad, acentuando el contraste irónico que es la característica propia de su personaje y, a su vez, de toda la novela.

La novela está bien construida, resulta amena y se lee con facilidad, sin que la brillante estilística y el tono festivo logren mitigar la torpeza de las situaciones.

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