El juego serio

Alfabia.

Barcelona (2013).

317 págs.

19 €.

Traducción: María Dolores Ábalos Vázquez.

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

En 1912, fecha en la que moría a los sesenta y tres años el mayor de los escritores suecos, August Strindberg, se publica El juego serio, de Hjalmar Söderberg (1869-1941), que sería en cierto modo su sucesor, aunque la temática y el estilo son muy distintos.

El juego serio es una novela de amor y desamor con un toque de adulterio, un tema tan tratado en el siglo XIX (Madame Bovary, de Flaubert; Ana Karenina, de Tolstoi; La Regenta, de Clarín; El primo Basilio, de Eça de Queirós; Effie Brest, de Theodore Fontane, entre otras). En Söderberg ese asunto no es central y está tratado con la contención que era aún uso común en esa época. Lo más importante en la novela es el seguimiento de la educación sentimental y social del protagonista, Arvid Stjärnblom en una Estocolmo de principios de siglo XX retratada con realismo y finura.

A eso hay que añadir el acierto del estilo: rápido, conciso, directo, al grano. Quienes no gusten de la literatura barroquizante, de inmensos párrafos, de dudosas elucubraciones, de rodeos interminables tienen aquí a su autor. Ese estilo inmediato no es, sin embargo, nunca vulgar. Se dicen cosas y algunas muy agudas, en esa prosa sintética. Hay una reflexión sobre el ser humano y, sobre todo, una cierta desesperanza envuelta en nostalgia. El romanticismo, como moda dominante, ya ha pasado. El final del siglo XIX y los principios del XX son más positivistas y, en el fondo, cínicos. Y un cierto refinado cinismo hay en el carácter de la protagonista, Lydia Stille.