El informe de Brodeck

Salamandra. Barcelona (2008). 280 págs. 16 . Traducción: José Antonio Soriano Marco.

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Con Almas grises (ver Aceprensa 26/05), su primera novela, Philippe Claudel (Nancy, 1962) consiguió varios premios literarios franceses, como el Renaudot del año 2003. Luego publicó La nieta del señor Linh (ver Aceprensa 49/06), una encantadora parábola sobre la amistad. Con El informe de Brodeck, su última novela, ha conseguido el premio Goncourt des Lycéens 2007. También este año (ver Aceprensa 92/08) Claudel ha estrenado la película Hace mucho que te quiero, de la que es director y guionista.

El informe de Brodeck es una fábula de mucha fuerza que puede conmover y turbar al lector porque afronta temas sustanciales, como el amor, el odio, el perdón, la brutalidad y la bondad humanas. Para ello, utiliza una trama llena de tensión e intriga que se desarrolla en un pueblo perdido en los montes austriacos de la frontera con Alemania, al año siguiente de haber finalizado la Segunda Guerra Mundial. Allí todos los hombres del pueblo acaban de asesinar en grupo al único extranjero que vivía entre ellos, un curiosísimo personaje al que llaman Der Anderer, el Otro, en alemán. Y encargan a Brodeck, que no supo ni participó en el crimen, que escriba un informe “para que quienes lo lean puedan comprender y perdonar”.

Brodeck es quizá el único que ha estudiado y tiene letras en aquella pequeña localidad; y además es un judío que ha logrado sobrevivir a un campo de exterminio nazi. Es un hombre que vive su tragedia personal de adaptación tras el horror y con una sagaz ingenuidad va atando cabos para rehacer una memoria colectiva interrogando a los más destacados del pueblo, al alcalde, al cura -que ha perdido la fe y está alcoholizado-, al dueño de la fonda y a otros. En realidad, Brodeck acaba por relatar su propia vida, su decepción religiosa ante tanto mal acumulado por la guerra, cuyas circunstancias se entrelazan dramáticamente con las del pueblo en esa época de nazismo y retaguardia de la contienda bélica.

Puede resultar una narración muy dura, pero es desde luego interesante; además, está muy bien planteada y resuelta con sencillos recursos literarios. En cierta manera tiene un aire de parábola, con un nivel de realismo y otro de símbología -personalizado en el Anderer-, que también permite varias interpretaciones y, si se quiere, un final abierto hacia el escepticismo cruel o al amor y la esperanza.