El hombre roto

Anagrama.
Barcelona (1995).
194 págs.
1.490 ptas.

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En 1987 se otorgó el prestigioso premio Goncourt de narrativa a La noche sagrada, obra de Tahar Ben Jelloun, un escritor hasta entonces prácticamente desconocido en nuestro país. Aunque nacido en Fez (Marruecos, 1944), Ben Jelloun se formó en Francia, por lo que ha adoptado la lengua de este país como vehículo para su expresión literaria. Es autor de poemarios, piezas teatrales, ensayos y novelas; asimismo colabora habitualmente como comentarista en diversos medios de prensa.

En esta última faceta se nos presenta como un escritor preocupado por la suerte de su pueblo, crítico de las actitudes fanáticas, y partidario de incorporar a la cultura árabe los valores universales de los derechos humanos. En esta línea del compromiso con su país, Tahar Ben Jelloun ha escrito El hombre roto, un doloroso relato del proceso de corrupción de un funcionario. La narración discurre de manera lineal como si se tratara del diario del protagonista, en el que, con una prosa brillante, describe su propia degradación moral. En la obra, ambientada en el Marruecos actual, Ben Jelloun diferencia la corrupción de los países del Norte –”la de las cuentas numeradas en Suiza”– de la de los países subdesarrollados, donde las comisiones a los funcionarios llegan a ser indispensables para la resolución de cualquier asunto relacionado con la administración pública. Una corrupción que envuelve a la sociedad por entero, haciendo imposible la vida a quienes desean situarse al margen.

Esta es precisamente la tragedia del protagonista, Murad, que mientras se mantiene como funcionario honrado es la “arenilla” que hace que el sistema chirríe y no consigue sino el desprecio de cuantos le rodean y particularmente el de su propia esposa. Él mismo cree que “la gente como yo está condenada a transitar por un túnel… Quizás si me pusiese del lado de los canallas dormiría como un lirón”. Traspasar la barrera es lo que finalmente hace el protagonista en esta crónica desesperanzada de la sociedad marroquí actual. No falta tampoco alguna referencia puntual, pero descarnada y repugnante, a la vida sexual del protagonista.