El hombre perro

Libros del Asteroide. Barcelona (2007). 453 págs. 23 €. Traducción: Raquel García Lozano.

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Adam Klein es un judío, estudiante de filosofía, que se hizo popular en los años treinta en Alemania como payaso. Cae en gracia al comandante del campo de concentración donde es internado y divierte a las filas de judíos que están a punto de ser gaseados. A la salida del campo enloqueció. Ahora está alojado en un moderno hospital psiquiátrico en medio del desierto en Israel. Allí es el rey. Con su fuerte personalidad, proféticas visiones, lúcidas interpretaciones del pasado y arrebatos de genialidad, tiene a sus pies a médicos, enfermeras y pacientes.

Kaniuk (Tel Aviv, 1930) quería escribir sobre los supervivientes del Holocausto -una experiencia que él no vivió- y construyó esta terrible parábola sobre el pueblo judío. La publicó en 1968 y gustó poco en su país, donde siempre ha tenido fama de escritor desconcertante y vanguardista. Ahora se reconoce el valor de su obra, se traduce (en castellano por vez primera) y se prepara una película.

La novela es impactante como todas las que intentan explicar con cierta seriedad lo que ocurrió allí. No pertenece precisamente a la línea simpático-enternecedora de obras como El niño del pijama a rayas. El principal inconveniente del libro es su dificultad. Klein está gravemente trastornado, sufre alucinaciones y un desdoblamiento (o más) de personalidad, además de un fuerte poder autodestructivo que le hace capaz de enfermar a voluntad. Posee un fuerte dominio sobre los demás que ejerce de modo anárquico y destructivo, liderándolos con una violencia psicológica brutal. El estilo de la novela es de un modernismo experimental exigente que intenta transmitir todo eso a la vez que llena de confusión y tensión al lector.

Adam -el primer hombre, o cualquier hombre, como explica la traductora- tuvo que dejar ser humano para salvarse; para salvar su cuerpo, porque su alma la dejó en una actuación ante la fila que conducía a su mujer y a su hija hacia la muerte.