El hombre inquieto

Tusquets. Barcelona (2009). 453 págs. 20 €. Traducción: Carmen Montes.

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Los lectores de Aceprensa tienen en servicios anteriores cumplida información y crítica de nada menos que quince novelas de Henning Mankell (Estocolmo, 1949), incluidas las del ciclo del policía Kurt Wallander. Títulos tan atractivos como Zapatos italianos o La leona blanca.

Esta que se acaba de publicar en España, El hombre inquieto, no es una obra lograda. Como de costumbre, Mankell mezcla una trama policíaca con asuntos de su vida personal: las relaciones con su padre (aquí ya fallecido), la separación de su mujer, las difíciles y a la vez entrañables relaciones con su hija…

La trama en esta ocasión no ofrece mucho interés y se estira inútilmente por más de cuatrocientas páginas para luego quedar en muy poco. No te atrapa, como debe ocurrir en lo mejor del género.

Más atractivo, aunque de forma un poco triste, es la peripecia personal de Kurt Wallander, que acaba de cumplir sesenta años, es abuelo, se siente viejo y teme a la muerte. El realismo pesimista de Mankell, presente en casi todas las novelas, aquí es el tema principal. Como otras veces, Mankell está muy lejos de pensar que Suecia sea ese paraíso que otros pregonan.

Lo más importante: a partir de ahora, no puede haber más novelas con Kurt Wallander, a no ser que sean retrospectivas. Esa es la gran sorpresa del final, que, como es obligatorio, no se puede -no se debe- ni siquiera insinuar.

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