El final del desfile

Lumen. Barcelona (2009). 1.021 págs. 35,90 . Traducción: Miguel Temprano García.

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Es muy posible que con el paso del tiempo leamos la I Guerra Mundial como la frontera de una época a otra, de un determinado mundo con sus valores, sus virtudes y sus defectos a otro mundo bien distinto. Ésa es la conclusión que saca uno leyendo la gran literatura de aquellos años (de los poetas ingleses al memorialismo de Robert Graves, de Tempestades de Acero de Ernst Jünger a esta novela de Ford Madox Ford, El final del desfile) y de la lectura histórica que se entresaca de la llegada del comunismo a Rusia y del fin del Imperio Austro-húngaro que, entre otros, testimonió Joseph Roth. Jünger, por citar a un autor clave para entender la época, comparará la primera mitad del siglo XX con el momento histórico que vivió Herodoto, a caballo entre dos mundos. No me parece mal ejemplo.

El final del desfile, publicada originalmente como una tetralogía entre 1924 y 1928, narra la historia de Christopher Tietjens, oficial del ejercito británico en la Gran Guerra y auténtico gentleman a la antigua, en esa definición magistral que dio el cardenal Newman -“gentleman es aquel hombre que nunca inflige dolor”-, que se ve enfrentado al eclipse del mundo ordenado y seguro que representa la Inglaterra victoriana y que él, a su modo, personifica.

Es, por tanto, la historia de un conflicto moral entre el orden y los valores antiguos y la brutalidad de la guerra moderna, de la técnica, de la caída de los imperios y de la transformación de los valores morales y sociales. Es también el relato de la conciencia de su protagonista, de su resistencia pasiva, de sus miedos y de sus dudas; es una novela extraordinariamente bien escrita, de una gran complejidad estructural y de personajes dotados de una enorme densidad.

Hablamos de Sylvia, esposa de Christopher, una mujer que encarna en muchos aspectos el mal y cuyo matrimonio se tambalea por su frivolidad y por el odio nada disimulado que siente hacia su marido. Hablamos también de Valentine Wannop, feminista radical y de la cual se enamora Christopher Tietjens en otro retruécano moral de la novela, o de su hermano Mark o de McMaster, el amigo. Al fondo, como un gran fresco, la I Guerra Mundial, la caída de los valores, el amor y la lujuria, la corrupción moral, el honor y la aristocracia rural, la crisis de pareja… en una novela de lectura compleja, poliédrica, heredera del modernismo y que no dejará indiferente a ningún lector.