El fiel Ruslán

Libros del Asteroide.

Barcelona (2013).

232 págs.

17,99 € (en papel) / 10,99 € (digital)

Traducción: Marta Rebón.

TÍTULO ORIGINALVerni Ruslán

GÉNERO

El ucraniano Gueorgui Vladímov consiguió sacar de la URSS esta novela y publicarla en Alemania en 1974. En la URSS no se pudo publicar hasta la época de Gorbachov.

Nacido en Járkov (Ucrania) en 1931, de madre judía deportada a un campo siberiano, Vladímov es el seudónimo que comenzó a utilizar cuando, tras terminar la carrera de Derecho, se dedicó al periodismo y la literatura. Fue editor en la revista literaria Novy Mir. A finales de los setenta abandonó la Unión de Escritores Soviéticos, con la que ya había tenido algunos encontronazos, y se unió a Amnistía Internacional. En 1983 consiguió emigrar a Alemania, donde murió en 2003.

El fiel Ruslán tiene como escenario un campo de concentración siberiano a finales de la década de los 50. Tras la muerte de Stalin, se inició un tímido periodo de apertura que supuso el desmantelamiento de parte de la gran red de campos de trabajo esparcidos por toda la Unión Soviética.

La novela abarca unos pocos meses de los años 1956 y 1957. Ruslán es uno de los perros guardianes que se empleaban para la vigilancia en los campos de trabajo. El perro ha recibido desde su nacimiento un duro adiestramiento para cumplir con sus trabajos de vigilancia. El adiestramiento incluye una sumisión y devoción absoluta a su amo, de quien recibe todas las órdenes y con el que mantiene una poderosa y hasta amorosa fidelidad.

Pero el campo donde vive Ruslán ha sido cerrado. La novela comienza al día siguiente de que los prisioneros recuperen la libertad y los guardianes abandonen sus puestos de trabajo. Los perros, por lo tanto, sobran, y Ruslán y sus compañeros deben iniciar una nueva vida abandonados fuera del campo. Ruslán se siente desorientado y desubicado, pues ha sido adiestrado para controlar constantemente a los prisioneros, evitar las huidas y descubrir a los sospechosos. De pronto, su escala de valores se derrumba.

Escrita en tercera persona, la novela se centra en el punto de vista de Ruslán sobre lo que está pasando. Es un acierto estilístico, pues consigue una gran efectividad. Por un lado, al describir su vida, su pasado y sus sueños, asistimos al retrato tangencial de la inhumana vida en los Gulag. Por otro, también refleja la extrañeza de Ruslán, su perplejidad, sus preocupaciones, su imposibilidad de adaptarse a una nueva vida, su fidelidad absoluta a unos patrones ideológicos que le procurarán no pocos problemas.

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