El fantasma de Harlot

Plaza & Janés.
Barcelona (1992).
1.240 págs.
2.825 ptas.

TÍTULO ORIGINALHarlot’s Ghost

GÉNERO

A sus setenta años, Norman Mailer puede ser considerado el decano de los novelistas norteamericanos famosos. Ha sido siempre una figura tan polémica como exagerada.

El fantasma de Harlot es una interminable novela de más de mil páginas, de las cuales sobran varios centenares, por lo menos. Que el pretexto sea una novela de aprendizaje, en este caso de un espía, no justifica su dimensión, sobre todo cuando se obtiene al precio de incluir materiales fáciles: largas cartas, transcripción de conversaciones interceptadas; de pronto, un diario. Todo esto da más sensación de acumulación que de una trama.

La novela, aparentemente, está en la línea de esos best-sellers también larguísimos –Tom Clancy, Michener– a los que tan aficionado es el público norteamericano. Sin embargo, Mailer aspira a más: revelar sus profundos pensamientos sobre lo profano y lo sagrado, la condición humana, el amor, el odio, la indiferencia… Sucede que Mailer, como ya se sabía por su trayectoria, está obsesionado por las variaciones sexuales. Y la novela está salpicada de descripciones bastas, asuntos de pervertidos, todo mezclado con alguna escena de amor rosa y, si se puede decir, romántico. En medio de todo eso, y a veces participando de ellos, personajes históricos como los hermanos Kennedy, Fidel Castro, Marylin Monroe…

Lo peor es que quizá el personaje de Harry Hubard, trasunto de Mailer, no cae simpático: quizá porque no es humano, sino de papel. No hay escenas en las que se llegue a la emoción. Todo es fuego de artificio hecho por un escritor profesional.

¿Mérito? La facundia. Es casi de libro Guinness haber sido capaz de amontonar tantas páginas sobre tan exigua trama. Y que termine con la broma final de un «Continuará». Por lo demás, desde que la URSS no existe, la literatura de espías ya no es lo que era.

Mailer ha tenido siempre buena prensa. Y la crítica no ha recibido mal, por lo general, esta novela, auténtica historia interminable. Pero es que nunca como hoy es verdad el manido refrán de “cría fama y échate a dormir”.

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