El difunto Matías Pascal

Nórdica. Madrid (2008). 331 págs. 19,5 €. Traducción: Julio García.

TÍTULO ORIGINALIl fu Mattia Pascal

GÉNERO

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Luigi Pirandello (Agrigento, Sicilia, 1867-Roma, 1936) estudió en las universidades de Roma y Bonn, en la que se doctoró en Filosofía y Letras. Fue profesor de estilística y de literatura italiana, y comenzó su carrera literaria colaborando en diversos periódicos, sobre todo, con relatos cortos y poesía. En 1904 publicó El difunto Matías Pascal, la más famosa de sus novelas. Gran renovador del arte dramático, entre sus obras teatrales más conocidas figuran Así es (si así os parece), de 1917, Seis personajes en busca de un autor (1921) y Enrique IV (1922). En 1934 se le concedió el Premio Nobel de Literatura.

El protagonista, Matías Pascal, se encuentra en el peor momento de su vida: una crisis matrimonial y económica, complicada con la muerte de su madre y de su hija, le impulsa a irse del pueblo. Después de andar días sin rumbo fijo, llega a Montecarlo donde la suerte le favorece en el Casino. Con el dinero ganado, decide regresar a casa pero, a punto de llegar, lee en el periódico la noticia de su muerte: su mujer y su suegra lo han confundido con el cadáver de un ahogado. Matías Pascal desaparece para comenzar otra vida en la que acabará adoptando una personalidad nueva como Adriano Meis. Pero distintas dificultades le obligan a “suicidar” a Adriano Meis y a retomar su original identidad.

La novela está escrita en primera persona, con el estilo llano que hubiera empleado el propio Matías Pascal. Sin embargo, su prosa resulta un poco premiosa y la lectura se hace pesada en algunos momentos. Tiene rasgos del humor típico de Pirandello: tras la sonrisa esbozada, aparece un rastro de amargura. Los personajes, bien construidos, resultan muy humanos y el autor no nos ahorra ni sus virtudes ni sus defectos; brilla, sobre todo, el profundo análisis de la personalidad del protagonista.

Pero la obra adolece de conexión sólida entre los diferentes hechos que se narran quizá porque fue escrita (dicen algunos) por entregas, y porque, en definitiva, Pirandello es mejor narrador que novelista.

En el fondo de esta novela yace, como preocupación filosófica, una crisis de identidad del ser humano (ser y parecer) y el afán de constatar la desesperanzada vaciedad de la vida, en la que la sociedad viene a ser como una trampa de la que nadie puede escaparse. Al final, todos fracasan, vuelven a ser capturados por su destino y regresan a su anterior existencia sin horizontes.