El diario de un hombre decepcionado

TÍTULO ORIGINALThe Journal of a Disappointed Man

GÉNERO

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Alba. Barcelona (2003). 396 págs. 23,80 €. Traducción: Carmen Francí.

“Lanzo estas páginas al rostro de las personas timoratas, furtivas y respetables y exclamo: ‘¡Aquí estoy! ¡Este soy yo! Os parecerá bien o mal, pero así son las cosas. Y os desafío a seguir mi ejemplo, a enfocar el reflector de vuestra conciencia en cada remoto rincón de vuestra vida, os invito a todos a la introspección. Sed francos, sinceros, tirad los tabiques de vuestro cubículo, salid de la madriguera, gusanos’. Si somos gusanos, al menos seamos gusanos sinceros”.

Nos encontramos ante un libro absolutamente singular, obra cumbre de la diarística y uno de los ejercicios de introspección más notables y significativos del siglo XX, que ha sido comparado con los de Kafka y Joyce. W.N.P. Barbellion, seudónimo de Bruce Frederick Cummings, nació en 1889 en Devon (Inglaterra), sexto hijo de un periodista y de la dueña de una confitería. Alumno ejemplar, a los trece años empieza a componer un diario, pero lo que se inició como cuaderno de notas de historia natural se iría convirtiendo poco a poco en la crónica de una profunda decepción vital: limitado en su formación académica por circunstancias familiares, y aquejado ya tempranamente de dolorosos y paralizantes síntomas de lo que luego se revelaría una esclerosis múltiple, el que soñaba con “ser un gran naturalista” acabaría obteniendo un modesto puesto de entomólogo en el Museo Británico de Historia Natural. La inanidad de este trabajo y la enfermedad frustran cruelmente la ambición de un hombre perfectamente consciente de su extraordinario talento para la ciencia y la literatura: “Mi vida ha sido una lucha continua contra la mala salud y la ambición, y no he conseguido dominar ninguna de las dos”. Así las cosas, a Barbellion sólo le queda una tarea existencial: el escrupuloso y fiel reflejo en su diario de ese feroz desequilibrio entre lo que esperó de la vida y lo que ésta le iba dando, y también el registro del avance de la muerte, que le ganaba terreno día a día. El autor moriría a los pocos meses de ver publicado su diario en marzo de 1919.

El género del diario suele subyugar a los seguidores de una literatura que albergue un alto porcentaje de realidad, de vida, de biografía. Este es un caso superlativo: el lector es, efectivamente, “lanzado” contra un testimonio tan fidedigno de la personalidad entera de un hombre (su maniática psicología, su sensibilidad narcisista, su escalofriante sufrimiento), que cada entrada del diario parece el ejercicio de un cirujano-poeta que disecciona con frialdad y rica expresividad cualquier movimiento de su alma, mientras su mujer y su bebé asisten a su paulatina destrucción. Al estremecimiento del lector contribuyen no sólo las penosas situaciones que se narran, sino también un estilo admirable, una escritura incisiva en cada línea, repleta de originales imágenes, ingenio y humor inglés, como si se quisiese quitar hierro al asunto, aunque pronto renace el tono serenamente trágico del debate emocional entre el amor a su esposa, la resignación, la amargura e incluso el pensamiento del suicidio.

Cuando un hombre posee cualidades extraordinarias, su vida es ejemplar por algún motivo y su manera de escribir es la de un estilista, su diario ha de ser por fuerza interesante.

Jorge Bustos Táuler

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