El cuarto mandamiento

TÍTULO ORIGINALThe Magnificent Ambersons

GÉNERO

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Alfaguara. Madrid (2005). 430 págs. 17,95 €. Traducción: Fernando Santos Fontenla.

El norteamericano Booth Tarkington (1869-1946) disfrutó a lo largo de su carrera de un enorme éxito de público y conquistó dos premios Pulitzer de novela, proeza sólo igualada por Faulkner y Updike.

Quizá las novelas de Tarkington no representen un avance revolucionario de las técnicas narrativas como las de su compatriota Nobel, pero son muestras de un brillante costumbrismo que prolonga el enfoque realista decimonónico -narrador omnisciente, estilo indirecto libre, psicologías definidas de los personajes, espacios descritos al detalle y localización histórica determinada- en tanto que ensaya una temática acorde con los nuevos tiempos: sus obras versan sobre la decadencia de los valores aristocráticos experimentada por familias de alcurnia en creciente conflicto con el ascenso inexorable de la nueva clase media capitalista y democrática. Es una línea temática que ha dado obras maestras como “El gatopardo” o “La edad de la inocencia”; en este caso, además, existe adaptación cinematográfica debida a Orson Welles, que es el responsable de que esta historia sea más conocida por el cine que por la literatura.

Hay que decir que “El cuarto mandamiento” es una obra excelente. Enseguida se reconoce como una “novela de época”, pues tanto por el argumento como por el estilo nos damos cuenta de que estamos ante un modelo narrativo exclusivo del cambio de siglo norteamericano. La novela narra dos trágicas historias de amor ligadas al declive de una aristocrática dinastía americana: los magníficos Amberson. El protagonista es George Amberson Minafer, arrogante jovencito heredero de la fortuna familiar. Pero la magnificencia de los Amberson -y con ella su fortuna- se ve desafiada por los vertiginosos cambios que trae consigo la era del automóvil. Junto al aspecto sociológico (que hizo decir a Welles que se trataba del “retrato más sincero y despiadado sobre los cambios sociales en el Medio Oeste americano”), destaca el aspecto sentimental y psicológico, que incide en el proceso vital experimentado por George, cuyo hipertrófico concepto del “honrarás a tu padre y a tu madre” conllevará paradójicamente la ruina familiar tanto económica como afectiva. Sólo al final, cuando ya es demasiado tarde, el último aristócrata de la saga caerá en la cuenta de la supremacía de la conciencia sobre las convenciones. La evolución de George polariza toda la trama, pero tampoco tienen desperdicio los certeros análisis del plantel de secundarios, contrapuntos necesarios del cuadro pero con psicología propia.

El otro gran valor del libro es su prosa: elegante, imaginativa, portadora de una amable ironía que suaviza el patetismo y nos distancia lo justo para apreciar con toda naturalidad y una punzada de melancolía la extinción de una edad dorada.

Jorge Bustos Táuler

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