El cielo de Madrid

Julio Llamazares

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Alfaguara. Madrid (2005). 256 págs. 20 €.

Muchos años han pasado desde su última novela, “Escenas de cine mudo” (ver servicio 47/94), con la que Llamazares parecía dar consistencia a una personal trayectoria literaria que combinaba el lirismo con el retrato intimista del mundo rural. Por eso se esperaba con interés “El cielo de Madrid”. En ella, Llamazares abandona su mundo literario y escribe una novela urbana que quiere reflejar el estado de ánimo con el que algunos jóvenes que aspiraban a artistas vivieron los años de la transición política.

Concebida como una larga confesión que Carlos, un pintor de origen asturiano, escribe a su primer hijo, la novela cuenta su itinerario desde su llegada a Madrid en los años setenta hasta la consolidación de la democracia. En estos años triunfa como pintor, aunque como persona Carlos viva sumergido en un permanente estado de crisis, quizás porque sus sueños adolescentes poco tienen que ver con la realidad.

El tema resulta atrayente, lo mismo que la intención sociológica y estética de la novela, pues en la historia de la literatura española contemporánea se echan en falta textos centrados en este tiempo histórico, descrito en clave íntima y personal.

Pero una cosa es la intención y otra el resultado. La novela resulta lenta, sosa, previsible en su ritmo y en su desenlace. El personaje de Carlos apenas tiene corporeidad, y su perorata adolece de falta de consistencia narrativa. Ni Carlos ni el resto de los personajes tienen vida propia y parecen ser peleles de un escenario retratado con excesivos tópicos; lo más atrayente son sus reflexiones sobre la pintura, con las que quiere reflejar el estado de su alma, y la calidad de la prosa, habitual en el autor.

Ángel Amador

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