El arte de rechazar una novela

Bruguera. Barcelona (2008). 178 págs. 16 €. Traducción: Ana Becciu.

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El novelista canadiense Camillien Roy (1963) ha escrito un original libro que reúne noventa y nueve supuestas cartas de editores que rechazan la misma novela. Con mucha ironía y sentido del humor, Roy se burla del mundo literario, tanto de los autores noveles como de los editores. El libro comienza con la orgullosa sensación que tiene el escritor primerizo cuando finaliza su primera novela, con la seguridad de que ha creado una magnífica y única obra de arte. Tras los momentos de autocomplacencia, donde se demuestra la supina ignorancia del mundo editorial de muchos escritores que empiezan, viene la decisión más arriesgada: ¿a qué editoriales va a enviar la novela? Primero se eligen las mejores y de más prestigio, pero poco a poco, cuando las cartas de rechazo empiezan a amontonarse en su escritorio, herido en su orgullo, se baja el listón y se acaba enviando la novela a cualquier sitio, con la única obsesión ahora de publicarla como sea.

Roy se muestra inteligente y sarcástico: todas las cartas que recibe este autor, que ha escrito una novela de amor, son de rechazo. Nadie va a publicar su novela. Y el libro reúne esas cartas, con las que Roy, basándose en un único tema, realiza, como en su día hizo el vanguardista Raymond Queneau en su libro Ejercicios de estilo, un muestrario de todas las modalidades literarias imaginables. Aparece el editor agresivo: “Pero ¿qué es esto que nos ha enviado? ¿Se ríe de nosotros o qué? ¿Es una broma? ¿Cómo se le ocurre que vamos a publicar algo parecido?”. El editor demoledor: “Siento muchísimo tener que decírselo, pero su manuscrito es nulo”. El insensible: “Ignoro quién ha sido el que lo ha alentado a escribir, pero una cosa es segura: esa persona ha perdido una buena oportunidad de callarse”. El asqueado: “Esta inmundicia que ha defecado su cerebro y que, tristemente, se extiende a lo largo de más de trescientas páginas, acaba de ensuciar mi escritorio. Me he quedado pasmado ante este objeto hediondo y repelente que usted osa llamar novela”.

Muchos son los estilos empleados (paranoico, modesto, pesimista, ofuscado, anarquista, altivo, puntilloso, psicoanalista, cansado, furioso, nostálgico…), pero todos coinciden en lo mismo: “en treinta y cinco años de trabajo en la edición jamás había encontrado una obra que se puede comparar con la suya. Y usted se atreve a llamar a esto una novela”. Divertido, gustará especialmente a los aspirantes a escritores y a los que tengan alguna relación con el mundo editorial.