El Apocalipsis oculto

Sekotia. Madrid (2010). 368 págs. 24 €.

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Tras el multimillonario y globalizado éxito de Dan Brown con una fórmula en la que mezclaba el thriller policiaco con la novela de aventuras esotéricas y ocultistas, se han multiplicado las novelas que han repetido estos ingredientes hasta la extenuación. En el caso de Dan Brown había, además, especialmente en El código da Vinci, una deliberada manipulación histórica para atacar a la Iglesia católica. Los sucedáneos de Dan Brown han imitado no sólo sus mimbres literarios sino también el contenido de los mensajes, desvelando increíbles casos y sucesos que tienen siempre como protagonista negativo a la Iglesia católica.

Por eso es de agradecer que aparezcan otro tipo de novelas que, utilizando también la fórmula de la novela de aventuras esotéricas, vayan en una dirección muy distinta. Ya lo hizo Miguel Aranguren en La sangre del pelícano y lo intenta también el escritor Jesús Trillo-Figueroa en esta su primera novela.

Hasta ahora el autor se había especializado en el ensayo social y político sobre cuestiones muy actuales, censurando la manipulación ideológica de algunas de las decisiones más polémicas emprendidas por el Gobierno socialista español. Así lo hizo en Una tentación totalitaria. Educación para la Ciudadanía (2008) y La ideología de género (2009).

Esta vertiente ensayística, sólida y argumentada, es la que, curiosamente, aporta a El Apocalipsis oculto un mayor interés y, también, lo que la diferencia del resto de novelas de este singular género literario.

La novela está ambientada en España, en el último trimestre del año 2009, cuando comienza a desvelarse el alcance de la crisis económica. Dos periodistas, Suso de la Torre y Marta Palacio, reciben el encargo del periódico para el que trabajan de asistir a la presentación de la película Ágora, de Alejandro Amenábar. A los dos periodistas no les resulta difícil descubrir que la película -a la que acude la plana mayor del partido en el poder- forma parte de una estrategia de ataque de las ideas cristianas con el falaz argumento de la tolerancia y la libertad.

A la vez que esto sucede, una arqueóloga, Teresa Pardo de Ahumada, descubre en el Archivo de Medina Sidonia un códice del siglo IV titulado “El signo de los tiempos”, sobre la caída del Imperio Romano y el Apocalipsis de San Juan, que contiene trascendentales revelaciones que afectan al futuro de la humanidad. La arqueóloga y un amigo suyo italiano, investigador que colabora con el Vaticano, se ponen en contacto con los dos periodistas para revelarles el alcance histórico de su descubrimiento, y más en el contexto actual. Sin embargo, estos sucesos no han pasado ocultos a La Organización, asociación secreta masónica que trabaja para controlar ideológicamente al mundo.

En torno a este códice, pues, se desata una trama policiaca en la que intervienen sectas luciferinas y los servicios secretos de varios países. La novela incluye también algunos capítulos de ese códice antiguo que interpreta la decadencia de Roma y el Apocalipsis de San Juan.

Literariamente, El Apocalipsis oculto no está a la altura de sus ideas de fondo, bien tratadas y expuestas por Trillo-Figueroa con rigor y amenidad. La estructura de El Apocalipsis oculto es, en ocasiones, deficiente; por ejemplo, la inclusión de largas reflexiones históricas y teológicas ralentiza el ritmo de la acción o aparecen en momentos inapropiados. Los capítulos del códice que se reproducen en varios capítulos distraen la atención de los lectores. Además, el estilo literario es a veces plano, sin brillo, especialmente en la descripción de los personajes y de sus sentimientos. Algunas escenas son peliculeras y prescindibles, una concesión a la galería.

A pesar de todo, El Apocalipsis oculto no desentona nada dentro del género literario elegido. Hay intriga, misterio, secretos ocultos, muertes, conspiraciones universales, mucha acción; y hay también sugerentes reflexiones -que forman parte sustancial de este género- sobre la historia, la filosofía y la teología. Además, Jesús Trillo-Figueroa ha acertado al ambientarla en una época tan cercana y reconocible, con unas implicaciones políticas y sociológicas que se juzgan de manera muy crítica.