El alcalde de Casterbridge

TÍTULO ORIGINALThe Mayor of Casterbridge

GÉNERO

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Alba. Barcelona (1999). 532 págs. 2.500 ptas. Traducción: Bernardo Moreno.

La literatura inglesa del siglo XIX ha dejado un importante número de escritores que ya se consideran clásicos. Thomas Hardy (1840-1928), poeta, novelista y dramaturgo, premio Nobel de 1921, es uno de ellos.

Entre sus novelas, que se pueden englobar en el realismo de la segunda mitad del siglo, destaca El alcalde de Casterbridge (1886). Se publicó primero por entregas y más tarde como libro. Al igual que en otras obras del autor, el marco es el suroeste de Inglaterra, donde transcurrió su infancia, representado por la mítica región de Wessex, inventada por el propio Hardy.

El arranque es estremecedor: el protagonista de la novela se emborracha y vende a su mujer a un marinero. A partir de ahí se narra la vida atormentada de este hombre, que llegará a ser alcalde de Casterbridge. Hay que destacar la habilidad de Hardy para mantener el interés del lector en todo momento, con unas dosis de intriga llenas de sorpresas; la belleza de las descripciones del paisaje y de las costumbres de la zona; y la variedad de personajes, desde el alcalde y los demás protagonistas de la novela (entre los que destaca su hijastra), hasta un buen número de habitantes de Casterbridge, que Hardy retrata con precisa viveza.

Hardy tiene, en líneas generales, una visión pesimista del hombre. El protagonista de la novela se debate entre el bien y el mal, se da cuenta de sus fallos e intenta cambiar, pero al final prevalece cierto fatalismo que lo conduce al fracaso, casi de modo irremediable. Son significativas las palabras con que termina la novela: “La felicidad no es sino un episodio ocasional del drama general del dolor”.

Eso sí, este duro mensaje está encerrado en una obra magnífica desde el punto de vista literario, una excelente muestra del talento de Thomas Hardy.

Luis Ramoneda