Effi Briest

Theodor Fontane

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Alianza Editorial (2004). Madrid. 383 págs. 17,50 €. Traducción: Pablo Sorozábal Serrano.

Obra maestra de la literatura alemana, no parece sin embargo haber obtenido en España el predicamento que su rango artístico demanda. La editorial Alianza rescata ahora esta novela emblema del realismo alemán, adscribible por su temática a ese género específico que ha dado en llamarse “novela de adulterio”, en la línea de las grandes narraciones decimonónicas como Anna Karenina, Madame Bovary o La Regenta.

Toda la literatura de Theodor Fontane (1819-1898) está animada por el afán de reflejar críticamente el ideal de vida de la aristocracia y la alta burguesía prusiana de su tiempo, en un momento en que ese ideal de honor y buenas formas empezaba a revelarse como convención fósil y sin sentido por contraste con los nuevos aires democratizadores y su correspondiente abaratamiento moral. Así, Effi Briest narra las vicisitudes matrimoniales por las que ha de pasar su protagonista, casada a los 17 años por usual conveniencia con un hombre ya maduro, culto, con un cargo relevante en el gobierno y una concepción pedagógica del amor conyugal. Como es previsible en este género novelístico, la trama avanza pareja al desengaño amoroso de Effi, prototípica heroína (en principio) cuyos secretos deseos de aventura y pasión no pueden ser satisfechos por un marido bueno pero ligado a insulsas convenciones sociales y poseído por el complejo de Pigmalión. El creciente aburrimiento de su vida matrimonial -ni siquiera paliado por el advenimiento de su primer bebé- contradice las ansias de su naturaleza juvenil y genera el caldo de cultivo perfecto para la tentación, y con ella la caída y la tragedia.

Hasta aquí, la novela calca el modelo del género. Pero su valor literario, aquello que la singulariza respecto del esquema general, radica en dos factores: el tratamiento individualizado de la psicología de los dos grandes protagonistas, Effi y su esposo Innstetten, soslayando el fácil morbo del proceso adúltero en sí; y la precisa descripción de ambientes, orientada siempre al detalle nimio pero revelador.

Por el estilo, la novela habría caducado para el lector moderno, pues la expresión adolece en ocasiones de un patetismo algo pasado, aunque, eso sí, circunscrito al personaje de Effi. Pero Fontane es exhaustivo a la hora de profundizar en las múltiples implicaciones que configuran la personalidad y las decisiones de los cónyuges: trasciende lo arquetípico y la mera sociología para presentarnos personajes humanos creíbles más allá de suspiros y “revoluciones morales”, un hombre y una mujer de clase plenamente conscientes de los graves riesgos que conlleva encarar equivocadamente el eterno conflicto entre la realidad y el deseo. Fontane no construye a los personajes en función de una tesis coyuntural que demostrar; son su propia peripecia y voz las que exponen al fin esa necesidad de equilibrio entre lo que se debe dar y recibir cuando se busca la realización personal en el matrimonio. Todo ello, claro, a través de una historia de emociones y decepciones que conmueve al lector por su contundente humanidad y su tensión bien dosificada hasta el final.

Jorge Bustos Táuler