Dos cautivos

Funambulista.
Madrid (2011).
732 págs.
24 €.
Traducción: Francisco Oliver Brachfeld.

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Funambulista está recuperando a Lajos Zilahy (1891-1974), novelista húngaro que tuvo que emigrar a Estados Unidos, cuya obra suele girar en torno a la decadencia del imperio austro-húngaro y sus consecuencias. Dos cautivos, de 1926, editada anteriormente en España con el título de Las cárceles del alma, es una de sus mejores novelas.

En la primera parte, estamos en Budapest en 1913; Miett y Péter se conocen, se enamoran y se casan, pero a los pocos meses estalla la Gran Guerra y el marido es movilizado. Unos meses después, cae prisionero y es trasladado a diversos lugares de Rusia, hasta terminar en Tobolsk, una ciudad de Siberia. La segunda parte del libro narra en capítulos alternativos los siete años de separación, ese doble cautiverio al que se refiere el título: el de Miett, en Budapest, sola, desesperada al principio y, con el paso del tiempo, en lucha entre la fidelidad conyugal y la pasión por Golgonszky, otro de los protagonistas; y el de Péter, en Rusia, con otros prisioneros de guerra sometidos a la pelea por sobrevivir y no desesperarse.

La novela está bien ambientada y son excelentes tanto las descripciones de Budapest como las de los parajes rusos donde transcurre parte de la trama: hay viveza, colorido y lirismo. El interés se mantiene a lo largo de toda la historia. Las intrigas amorosas, llenas de dramatismo, con tintes románticos y en un ambiente de decadencia, se cuentan con delicadeza y dan pie para penetrar en la interioridad de los protagonistas, con sus diversos modos de reaccionar ante el sufrimiento por la separación, las dudas entre el deber y el querer, los remordimientos, los celos…; y la impotencia angustiosa frente a unos sucesos no previstos que cambian por completo el rumbo de unas vidas un tanto inmaduras.

Hay también personajes secundarios bien plasmados con leves pinceladas. Toda guerra es una tragedia de consecuencias horribles, por esto la novela deja un poso de dolor e impotencia ante un mundo que se estaba desmoronando y sobre el que el autor intenta dar fe. Lajos Zilahy bebe en los grandes novelistas del siglo XIX, quizá no sea un innovador, pero sí un excelente narrador. Es una lástima que la traducción sea bastante defectuosa.

newsletter
cabecera_aceprensa

Reciba semanalmente por correo electrónico nuestros titulares