Donde el corazón te lleve

Va'dove ti porta il cuore

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Seix Barral. Barcelona (1994). 187 págs. 1.300 ptas.

La tercera novela de Susanna Tamaro (Trieste, 1957) ha sido todo un éxito editorial en Italia desde su aparición en 1993. Sólo en 21 semanas se vendieron cerca de trescientos mil ejemplares, cifra insólita para un libro que no tiene nada de llamativo ni espectacular y que no participa, ni mucho menos, de los tópicos ingredientes de los bestsellers más cotizados. Antes, Susanna Tamaro había escrito La testa fra le nuvole, premio Elsa Morante, y Para una voz sola -aparecido en castellano en 1992-, cinco relatos sobre los terrores cotidianos y la presencia de la barbarie y la violencia en las relaciones familiares.

Donde el corazón te lleve es el relato de una singular relación entre una abuela y su joven nieta, ausente de Trieste y residente en Estados Unidos, adonde se ha ido a estudiar. La abuela, cuando intuye que su muerte esta próxima, escribe unas pocas cartas con la intención de hacer un diario: “¿Un testamento? No precisamente: más bien algo que te acompañe a lo largo de los años, algo que podrás leer cada vez que sientas la necesidad de tenerme a tu lado”. Poco a poco, sin embargo, estas inocentes cartas sirven a la narradora para abrir su corazón y repasar los momentos más importantes y ocultos de su vida.

En el libro aparecen muchos pensamientos sin orden ni concierto, pero ayudan a establecer con la narradora una entrañable relación. La abuela se lamenta de que sus padres no la dejaran ir a la Universidad, a pesar de sus cualidades y de su preparación intelectual. Su visión del matrimonio es la de “un pequeño infierno doméstico” en el que la falta de entrega y de comprensión conduce a la mediocridad.

Uno de los asuntos que más le cuesta explicar es el episodio de una continuada y oculta infidelidad matrimonial con un médico con el que se identifica plenamente. Fruto de esa relación es una hija problemática y difícil, insegura y enfermiza, que acabará dejándose influir negativamente por un falso psiquiatra y un grupo de irracionales feministas radicales.

La narración está salpicada de pequeños pormenores familiares sobre los años de convivencia entre abuela y nieta. Son detalles emotivos, que favorecen un estilo intimista y auténtico, el apto para la confesión sentimental. La abuela utiliza las cartas para poder avanzar a partir de ahora sin mentiras en la vida, tomando como único termómetro para juzgar sus momentos confusos la voz de la conciencia y los susurros del corazón.

Las referencias a la religión son constantes, pero la abuela no entiende la trascendencia de la fe cristiana: su actitud, matizada con los años, siempre es de suave crítica. Lo que en principio parecían unas simples cartas de despedida acaban siendo el diario de una confesión, aunque, como dice la abuela a su nieta, “tan sólo puedas comprenderme cuando seas mayor”.

Adolfo Torrecilla

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