Dios ha nacido en el exilio

Ciudadela. Madrid (2008). 254 págs. 23,50 €. Traducción: Rafael Vázquez Zamora.

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Esta novela sobre el exilio del gran poeta Ovidio junto al Mar Negro, escrita por un escritor que también padeció el exilio, mereció el Premio Goncourt en 1960, aunque por circunstancias no literarias (la oposición de algunos intelectuales existencialistas y marxistas franceses), nunca pudo recibirlo. Vintila Horia nació en Segarcea (Rumanía) en 1915. Licenciado en Derecho y en Filosofía, diplomático, autor de importantes ensayos y novelas, dominaba el francés tan bien como el rumano. Con la Segunda Guerra Mundial, llegó el exilio para él: primero, en campos de concentración en Alemania; después vivió en Francia y en España, donde se instaló definitivamente tras otro periodo de estancia en París, porque su fe cristiana y la defensa de principios como la familia, el heroísmo en la paz y en la guerra… no eran muy bien vistos por los intelectuales más influyentes de aquellos años. Falleció en Madrid en 1992.

Dios ha nacido en el exilio es el diario del poeta Ovidio (43 a. C. – 17 d. C.) tras ser expulsado de Roma, por orden de Augusto, a los confines del Imperio en la desembocadura del Danubio.

El primer aspecto que hay que destacar de la novela, que no es propiamente un relato histórico, es el retrato psicológico del protagonista, que evoluciona de la desesperación, el odio a Augusto y la añoranza de Roma a la transformación que suponen para él el descubrimiento de otras culturas, la experiencia del sufrimiento y la proximidad de la muerte. Su ambición y su sensualidad superficiales del principio evolucionan hacia una actitud de comprensión hacia los demás, de examen sobre su conducta y de interés por el monoteísmo y por ciertas noticias mesiánicas que le llegan a través de los dacios y de un médico griego.

Otro aspecto que hay que destacar es la magnífica ambientación de la zona, las interesantes noticias sobre los getas y los dacios, sus costumbres, sus relaciones con Roma… Horia quizá tienda a idealizar un poco a sus antepasados, aunque trata de lo que conoce; algunos de los personajes secundarios resultan muy atractivos. A esto hay que añadir la exquisita prosa del autor: descripciones llenas de lirismo, reflexiones sugerentes de Ovidio sobre cuestiones muy variadas (el bien, el mal, el poder, Dios y los dioses, el amor, el arte…), diálogos del poeta con las gentes de Tomis (hoy Constanza) y de sus alrededores. Pienso que ha sido un acierto la recuperación de esta novela, que ya forma parte del canon de los clásicos

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