Dime quién soy

Plaza & Janés. Barcelona (2010) 1.097 págs. 23,90 €.

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Tiene mérito seguir escribiendo novelas sobre la guerra civil española y la segunda guerra mundial. Conocemos en todos los formatos cuanto se puede saber sobre las dos Españas, el nazismo, Stalin, el auge y caída de comunismo, etc. Navarro ha debido pensar -con buen criterio- que el marco de una novela sólo es importante como contexto de actos, y que son éstos los que mejor muestran la naturaleza de los personajes, auténtico motor de una novela. Este libro es así, sobre todo, la vida de Amalia Garayoa, una bella mujer fuera de lo común, valiente y decidida, coherente con sus amores e ideales hasta sus últimas consecuencias.

El libro recorre todo el siglo XX, especialmente los años 30 y 40, y visita todas las ciudades importantes de Europa. Amalia se separará de su marido para seguir a un francés comunista y espía ruso; a su muerte se unirá a un periodista norteamericano y vivirá su madurez como compañera de un barón alemán, opositor a Hitler. Un bisnieto reconstruye su historia desde la actualidad.

La novela ofrece mensajes importantes y no se queda en las peripecias, incontables y entretenidas, imposibles de resumir. Queda claro el sinsentido pueril del sueño comunista, se subraya la responsabilidad ante las propias acciones, se muestra -sin explicarlo así- el peso ineludible de los dictados de la conciencia (que no tienen nada que ver con convenciones sociales fruto de determinada educación), se ofrecen ejemplos admirables de honradez y capacidad de sacrificio y se vislumbra lo conveniente que resulta no juzgar a los demás. Navarro evita caer en un feminismo facilón, a la vez que resalta las absurdas discriminaciones que la mujer ha ido superando a lo largo de los últimos decenios.

Sería exagerado calificar a esa novela de obra de arte, pero es un trabajo serio y valioso, con un personaje central interesante, a pesar de -o precisamente por- sus errores, llevado con buen pulso hasta el final, equilibrado en la presentación de facciones políticas, sin concesiones comerciales de sexualidad ni violencia. Tiene las mejores virtudes de la novela popular folletinesca y un cóctel bien conseguido de géneros de éxito (intriga y espías, histórico y romántico).

En este abultado libro hay partes más emocionantes y otras menos justificables; el esquema narrativo es algo repetitivo y simple (compañero, ciudad y actividad de turno de Amalia; viajes del narrador), pero el conjunto no resulta aburrido. Cuarta novela de la escritora madrileña (1953), que la mantendrá sin duda en los puestos altos del número de ventas, algo que, por esta vez, no está peleado con una calidad aceptable.