Diario de un escritor

Alba. Barcelona (2007). 630 págs. 32 €. Traducción: Víctor Gallego.

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Cuando emprendió la escritura y publicación de este Diario, Dostoievski ya se había labrado un enorme prestigio con Crimen y castigo, El jugador o El idiota. El volumen ahora publicado en español recoge una amplia antología de los artículos de actualidad que publicó desde 1873 hasta su muerte, en 1881. En ellos, trata temas de lo más variopinto, e incluso encontramos algunos relatos de ficción. En la relación de temas sugeridos por la actualidad, destacan cuestiones en las que Dostoievski reincide con especial interés: la infancia, la educación, el carácter casual de la familia rusa contemporánea, el sistema judicial de su país, la pérdida del sentido religioso de la existencia… Y, siempre, el trasfondo de un interés sincero por el pueblo.

En el Diario, el escritor ruso apenas ofrece opiniones literarias (“basta de hablar de literatura; si me he referido a ella solo ha sido en relación con el pueblo”, dice) y casi siempre que lo hace es en relación con las ideas que transmite una obra. Al mismo tiempo, uno de los tesoros de estas entregas es la ocasión de ser espectador del proceso creativo en la mente del escritor. Sin análisis ni subrayados del autor, en directo. Así, por ejemplo, con el brillante relato La mansa, nacido a partir de un hecho real o con la continua aparición de temas e incluso frases propias del universo del escritor: “Puesto que no hay nada sagrado, se puede cometer cualquier abominación”, pone en boca de un imaginario joven.

“La posición en que se encuentra nuestra juventud le impide encontrar en parte alguna indicación sobre el sentido supremo de la existencia. (…) No basta con acusar, es preciso buscar remedios. (…) En parte he emprendido la redacción de este Diario con el propósito de hablar de esos remedios mientras las fuerzas me lo permitan.”. Si Dostoievski no tuvo éxito en esa búsqueda, quedan estos textos, al menos, como esbozo de cierto vacío de la modernidad, profetizado por “un hombre feliz que no está satisfecho con algunas cosas”.

newsletter
cabecera_aceprensa

Reciba semanalmente por correo electrónico nuestros titulares