Diario de un desesperado

Minúscula. Barcelona (2009). 300 págs. 18,50 €. Traducción Carlos Fortea

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Friedrich Reck, nacido en Prusia en 1884, en los años veinte y treinta del siglo pasado, se labró cierta fama como autor de novelas de entretenimiento, sin más pretensiones. Conservador, monárquico, enemigo de la americanización de Europa, amigo de Splengler (La decadencia de Occidente) fue también un formidable crítico del nazismo.

Hoy, de Reck, lo que interesa es este Diario de un desesperado, iniciado en mayo de 1936 y terminado en octubre de 1944, poco antes de ser detenido por los nazis y llevado a Dachau, donde murió, de tifus, en 1945.

Uno de los mayores atractivos de este libro es ver transcurrir la historia a pie de calle. Reck ve a Hitler a unos metros de distancia. Esto es lo que le sugiere: “fiambre en salmuera, lleno de impurezas, una pasmosa cara de luna llena con dos ojos melancólicos y negros como el azabache clavados como pasas”. Reck no puede comprender cómo todo un pueblo culto, ingenioso, de gran tradición puede caer rendido ante la inhumana chapuza que significa el nacionalsocialismo. Hasta que reflexiona sobre la esencia de los nacionalismos, la sobrevaloración de lo propio en afrenta de lo ajeno, algo en lo que los adláteres de Hitler eran expertos.

El nacionalsocialismo, como casi todos los nacionalismos, por dejar alguno fuera, fue insaciable: primero se traga Austria, luego los Sudetes checoslovacos y después quiere toda Europa. Reck, al analizar esta ambición desquiciada, prevé ya desde 1939 la derrota de Hitler y sólo teme que Alemania haya quedado destrozada.

Libro apasionante para quienes gusten de la historia en directo, y libro con una importante carga teórica en el sentido de los centenares de intelectuales europeos que, casi desde su nacimiento, se opusieron a la Modernidad, en lo que tenía de racionalista, fatua y desconocedora de los aspectos entrañables y cordiales del ser humano (cfr. Antoine Compagnon, Los antimodernos, Aceprensa, 20-03-2007). Es la Modernidad la que, según Reck, ha traído al hombre masa, que él analiza siguiendo la reflexión de Ortega y Gasset en La rebelión de las masas, libro que estimaba de un modo especial.

La Modernidad, al despreciar realidades como el honor, la tradición, la singularidad, lo peculiar de cada sitio, al uniformar, prepara hombres masa que son carne de cañón para cualquier manipulación política. El nazismo fue un ejemplo extremo: cómo llevar a todo un pueblo a callar ante crímenes en masa. Pero, antes y después del nazismo, las manipulaciones del hombre masa han seguido ahí.