Del Turkana al Cáucaso. La evolución de los primeros pobladores de Europa

Jordi Agustí,David Lordkipanidze

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RBA Libros. Barcelona (2005). 263 págs. 18 €.

El yacimiento georgiano de Dmanisi, situado al suroeste de la cordillera montañosa del Cáucaso, se ha convertido en uno de los más importantes de la paleontología humana. A principios de los noventa, se encontraron unos restos humanos que podrían tener 1,8 millones de años, los más antiguos hallados fuera de África, y un millón trescientos mil años anteriores a los más antiguos hallados hasta la fecha en Europa (en Mauer, Alemania).

El tiempo ha dado la razón a sus descubridores. No sólo se ha logrado demostrar que los primeros humanos abandonaron África mucho antes de lo que se había supuesto. Gracias al descubrimiento de nuevos especímenes, se ha podido confirmar también que los primeros miembros de nuestro género en dejar África no fueron los anatómicamente “avanzados”, “Homo ergaster” u “Homo erectus” (dotados de un esqueleto muy similar al nuestro y con casi 1000 cc. de volumen endocraneal), sino una especie humana anterior (“Homo georgicus”, con unos cráneos pequeños), más próxima a las que pasan por ser las primeras especies humanas.

En este libro David Lordkipanidze (codirector del yacimiento) y Jordi Agustí (Director del Institut de Paleontología Miquel Crusafont de la Diputación de Barcelona) nos presentan una visión global de la evolución humana desde sus orígenes, pasando por el debate en torno al hipotético primer homínido. De interés especial resultan cuestiones como la descripción de las características de los primeros humanos y de su hipotético modo de vida; el interesante análisis del más que probable poblamiento humano del sur de la Península Ibérica hace la friolera de un millón trescientos mil años; y, sobre todo, la más que plausible explicación que proponen los autores para justificar la presencia de esos protohumanos en unas latitudes tan septentrionales, justo unos pocos centenares de miles de años después de haber aparecido el género humano sobre la faz de la tierra.

El final del libro nos reserva un enigma: ¿Qué relación existe entre “Homo georgicus” y los humanos diminutos hallados recientemente en la isla de Flores? Y una sorpresa sobrecogedora. En agosto de 2003 se encontraba en este yacimiento una mandíbula que pertenecía a un viejo que había logrado sobrevivir durante muchos años sin un solo diente. La única posibilidad de que eso sucediera es que fuera alimentado y cuidado por el grupo: el caso más antiguo de solidaridad o cuidado fraternal conocido en la historia de la humanidad. Dmanisi, sin duda, aún reserva muchas sorpresas que, campaña tras campaña, irán aflorando.

Es este un libro de divulgación científica de alta calidad, pero fácilmente comprensible, que evita mezclar cuestiones ideológicas con temas científicos.

Carlos A. Marmelada

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