De Europa a Europa. 30 años de historia vividos desde la noticia

Palabra.

Madrid (2012) 605 págs.

27,90 €.

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Como insinúa el título, este libro relata la historia de la primera gran agencia de prensa privada en España, desde sus modestos orígenes en el Madrid tardofranquista hasta la entrada del país en la Comunidad Europea.

En gran parte, se trata de un libro de memorias, pues el autor trabajó muchos años de su vida en Europa Press. Advierte al lector con honradez: “Confieso que he sido poco objetivo al escribir estas páginas, y eso es un grave pecado para quien se considera periodista y ha trabajado como tal durante cuarenta años. Pero no se puede ser objetivo con lo que se ama, y Europa Press está entre mis principales amores” (pág. 12).

No obstante, aparece siempre una auténtica voluntad de objetividad. Al hilo de sus recuerdos, y de los de otros testigos de primera mano, el lector conocerá el protagonismo de personas de calidad, que tanto contribuyeron a la construcción de la democracia en España. El autor destaca tres con toda justicia: Antonio Herrero Losada, director de la agencia y maestro de periodistas; Francisco Martín Fernández Heredia, gran gestor que puso al servicio del proyecto su enorme experiencia personal; en fin, José Mario Armero, presidente de la sociedad mercantil, hombre de contactos y consensos, que tanto se jugó al servicio de la libertad.

Otras figuras de aquellos años son más conocidas del gran público, también por la grave espectacularidad de las sanciones jurídicas que recibieron, hasta la extinción de importantes medios informativos. Pero me considero modesto testigo de ese periodo histórico, y nunca dejaré de resaltar la importancia mayor de Europa Press, aunque, justamente por la fidelidad a su naturaleza de agencia informativa, haya pasado más inadvertida para el común de las gentes.

El libro de Jesús Frías ayuda también a conocer –para quienes no lo vivieron cómo era entonces la información: Europa Press nació en la etapa de la censura previa y las consignas dirigistas en un Estado autoritario, que entendía la comunicación, no como un derecho de los ciudadanos, sino como un “servicio público”.

En sus comienzos, la agencia no estaba autorizada a dar noticias en sentido estricto, sino solo reportajes, y debía agudizar el ingenio para sortear la censura. A la vez, los medios técnicos eran muy limitados: no sé si los actuales internautas podrán entender de veras las filigranas y aventuras para hacer llegar fotos de los grandes eventos deportivos o sociales a las imprentas de diarios y revistas. Pasarían bastantes años hasta la difusión en España de la telefoto… .

El 15 de mayo de 1966 la agencia comenzó a distribuir noticias por teletipo. Con una plantilla inicial de tres personas, dedicó mucha atención a temas que no abordaba la agencia oficial: administración de justicia, cuestiones laborales y sindicales, movimientos universitarios, actividades democráticas en relativa clandestinidad, etc. No pretendía ser una agencia de “oposición”, pero sí de información de noticias tantas veces silenciadas. Abundaron lógicamente los problemas con el Ministerio del ramo, pero Antonio Herrero Losada se las ingenió para sobrevivir, con la ayuda del consejero delegado Carlos Soria, y pronto con el nuevo presidente, José Mario Armero.

Sin duda, la agencia fue un ariete en la conquista de la libertad de prensa, a pesar de expedientes jurídicos sancionadores y, sobre todo, de las presiones a “clientes”, para que se dieran de baja del servicio y ahogaran económicamente el proyecto. Todo se agudizó durante el estado de excepción de 1969. La postura oficial era que Europa Press se incorporara a la agencia oficial, Efe, o desapareciera. Se salvó in extremis por una brillante gestión de Francisco Martín Fernández Heredia con Carrero Blanco.

El libro cuenta con detalle los diversos episodios. Los leemos con gusto, a modo de recuerdos, quienes vivimos esa época. Destaca el gran estilo profesional y humano de Antonio Herrero Losada: veracidad, iniciativa, anticipación… y mucha pillería para soslayar las reacciones oficiales. Así, hasta el gran momento histórico de la agencia: la primera que dio la noticia de la muerte de Francisco Franco.

Vendrían luego los avatares de la transición: la reforma política de la mano del Rey y de Adolfo Suárez (a pesar de la opresión del terrorismo), hasta la legalización del PC y las primeras elecciones, los pactos de la Moncloa, la constitución, etc. Esas grandes cuestiones, eje del trabajo de la agencia, no excluían la defensa de “bajonazos” que recibía de la esfera oficial, también en el plano económico. Pero tuvo capacidad de reacción, especialmente desde que José Luis Cebrián, otro gran periodista, se hizo cargo de la sección de reportajes.

Entretanto, España sufría la plaga del terrorismo, campo abonado para desestabilizaciones y reacciones ultras. Lógicamente, Europa Press informó cumplidamente de los avatares que llevaron a la dimisión de Adolfo Suárez, así como de los entresijos del 23-F. Hasta llegar a la firma del tratado de ingreso en la Comunidad Europea.

Más allá del interés en sí de esta página brillante de la historia del más reciente periodismo español, el trabajo de Jesús Frías –con un estilo sobrio, conciso, descriptivo– aporta mucho a la memoria de hechos decisivos en la segunda mitad del siglo XX. Su lectura tiene un interés amplio, no solo lógicamente para el recuerdo más o menos emocionado de los protagonistas de esa época.

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