¿Dónde se encuentra la sabiduría?

TÍTULO ORIGINALWhere Shall Wisdom Be Found?

GÉNERO

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Taurus. (Madrid). 2005. 259 págs. 21 €. Traducción: Damián Alou.

Harold Bloom, la bestia negra del relativismo crítico literario, vuelve incansable a elevar su proclama estética en el desierto posmoderno. Dotado de una memoria verbal de dimensiones borgianas, y un bagaje lector tan abrumador como exigente, el catedrático norteamericano imparte lecciones de sabiduría en cada uno de sus personalísimos ensayos.

El hecho de haber vivido para la literatura desde que era un niño ha desarrollado en él un sentido crítico superior e inviste sus textos con la natural autoridad que sólo posee quien experimenta lo que afirma. De hecho, este libro nació de una necesidad de consolación sapiencial tras una experiencia cercana a la muerte: una vez recuperado, Bloom sintió la urgencia de reunir en un libro a aquellos selectos autores de la tradición occidental en los que a lo largo de su vida ha podido hallar mayores dosis de sabiduría, entendida como preparación intelectual frente a la vida y frente a la muerte.

La lista, ordenada por parejas de autores comparados, es personal, pero en absoluto injustificada: Libro de Job y Eclesiastés, Homero y Platón, Cervantes y Shakespeare, Montaigne y Bacon, Johnson y Goethe, Emerson y Nietzsche, Freud y Proust, San Agustín y el Evangelio de Tomás. Sus observaciones sobre estos grandes autores rehúyen siempre el tópico, pues Bloom ha unido su vida a sus lecturas y las ha hecho suyas. Pero ése es también su defecto: exageración, resuelto subjetivismo, cierto abuso de la provocación.

El mérito incuestionable de Bloom es su altura de miras en medio de un academicismo relativista acomplejado ante la excelencia -“lémures” llama a los profesores que descreen del valor estético y “mediaversidades” a las universidades en donde dan clase-.

Pero hay que ubicar al personaje, y leerlo con cautela: él busca “una sabiduría laica fundida con una experiencia puramente estética a la vez libremente hedonista y cognitivamente poderosa”. Se autodefine “judío gnóstico” y demanda de la literatura lo que acaso sólo pueda dar la religión.

Brindar unívocamente una interpretación secularizada de autores tan ricos como los citados se nos antoja injustamente restrictivo. Pero tiene la honestidad de reconocerlo, y ante la perspectiva de muerte a que conduce esa “sabiduría laica”, deja entrever una aspiración a la trascendencia esperanzada de la fe.

Jorge Bustos Táuler

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