Déjame ir, madre

TÍTULO ORIGINALLasciami Andare, Madre

GÉNERO

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Salamandra. Barcelona (2002). 157 págs. 8,70 €. Traducción: Elena de Grau Aznar.

Helga Schneider (Polonia, 1937) vive en Italia desde hace muchos años. Su infancia transcurrió en Berlín; luego se trasladó a Viena y posteriormente a Bolonia. Déjame ir, madre ha sido publicada en Italia.

Cuando todavía era una niña, Helga Schneider (Polonia, 1937) fue abandonada por su madre, que ingresó en las SS. Con los nazis ocupó cargos de cierta responsabilidad en el Tercer Reich y participó activamente en tareas de control en algunos campos de concentración. Durante muchos años, Helga vivió sin querer saber nada del destino de su madre.

En 1971, después de treinta años, volvieron a verse, pero fue un encuentro traumático: su madre seguía viviendo orgullosa y aferrada a una ideología muerta, que tantos crímenes había cometido. Unos años después, en 1998, recibe una carta de una íntima amiga de su madre. Desde hace tiempo vive en una residencia de ancianos y la amiga teme que le quede poco tiempo de vida. Helga se traslada a Viena desde Italia para volver a encontrarse con su madre.

La novela dura apenas un día, ese día de la visita de Helga a su madre. El encuentro está cargado de intensidad, de silencios, de acusaciones. La madre, ya mayor, parece haber olvidado su pasado, incluso su matrimonio y sus hijos, pero no: sólo recuerda lo que le interesa. Helga, por su parte, mantiene una actitud llena de contrastes: por un lado, esa persona ya débil y anciana es su madre; por otro, se trata de un criminal de guerra, alguien que se implicó en el asesinato de judíos, y que no muestra ninguna señal de arrepentimiento.

Los diálogos son tensos, bruscos, a veces emotivos. El peso del pasado, el abandono familiar, los continuos reproches… marcan toda la conversación. Más que dar señales de debilidad, la madre posee unos ojos “vítreos, gélidos, vacíos” y un carácter férreo, sin fisuras, irracional: “¡Has venido de Italia para juzgarme, pero seré yo quien te juzgue a ti!”. De hecho, sus ideales, que justifica, son los que añaden sentido a su vida.

Déjame ir, madre es también una muestra de cómo estos execrables hechos históricos permanecen latentes en buena parte de la sociedad alemana y austriaca, que tiene que soportar un pasado imposible de asimilar. La carga autobiográfica añade todavía mayor fuerza a un relato emocionado, transparente, desgarrado.

Adolfo Torrecilla