Cuentos fantásticos

Nórdica. Madrid (2009). 152 págs. 15 €. Traducción: Isabel Hernández.

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La exaltada delicadeza de un autor como Ludwig Tieck, pionero del romanticismo alemán -especialmente fantasioso y sentimental-, difícilmente conectará con el lector contemporáneo. Sólo por su audacia al reeditarlo cabe felicitar a la pequeña y valiente editorial Nórdica. Vivimos una etapa de neorromanticismo artístico, pero mórbido y comercial, muy alejado de la inocencia de los textos paradigmáticos del movimiento que introdujo en las artes y las letras la subjetividad más decidida. Tieck era un hombre al que se le aceleraba el corazón al contemplar una montaña prusiana; pero al volver a casa no se le ocurriría afiliarse a Greenpeace sino componer una oda.

Las señas del romanticismo alemán están muy bien representadas en estas tres piezas breves de Tieck: “Eckbert el rubio”, “El monte de las runas” y “Los elfos”. Primera novedad, el propio género: no son cuentos ni novelas, sino novelas cortas o nouvelles, género mixto inventado por los románticos que les permitiría liberarse de convenciones combinando el plano descriptivo y narrativo con cierto ahondamiento psicológico. En segundo lugar, la irrupción resuelta de lo sobrenatural como motor narrativo, fusionando la mecánica de los populares cuentos de hadas con la sensibilidad moderna, volcada sobre el yo individual. Por último, el papel del entorno natural, que obra como un personaje más, al modo de un hado caprichoso.

El resultado es una narrativa que recuerda mucho al Werther de Goethe, salvando las distancias, y sobre todo a los relatos de Novalis. Como en el caso de este último -ambos eran católicos-, Tieck atribuye a la naturaleza un carácter místico: el lugar donde el hombre experimenta una epifanía moral; pero aquí también es un trasunto divino capaz de castigar al héroe con una tragedia aparentemente irracional. Ninguno de los tres cuentos acaba bien. Los protagonistas son hombres o mujeres en principio sanos y justos, que tras un contacto mágico con misteriosas criaturas caen en la locura y acaban destruyendo toda su prosperidad. E.T.A. Hoffmann volvería poco después canónico este gusto por lo siniestro, que brindaría a Freud la interpretación de las desgracias de estos héroes literarios como fruto del enfrentamiento entre la sociedad represora y el subconsciente liberado.

En Tieck, la idea del libre albedrío y de la responsabilidad personal aún halla fundamento en la peripecia de los personajes, y aunque al lector actual sus retratos se le antojen demasiado esquemáticos, estas historias logran transmitirle la inquietante sensación de fatalidad que persigue a ciertos caracteres, y que preconiza la mitología surgida en el siglo XX en torno a iconos pop del rock o el cine, por ejemplo.

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