Cuentos escogidos

Fernando Ampuero

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Alfaguara. Lima (1999). 404 págs. 2.600 ptas.

“A ntes de que en la TV los anuncios de condones interrumpieran los partidos de fútbol, los muchachos de los años setenta ya hablaban de las cosas de la vida con una rudeza de marineros ebrios”. Así de crudamente empieza uno de los cuentos más recientes de este peruano de cincuenta años, poco conocido hasta hoy en las latitudes españolas, y de quien la firma editorial Alfaguara ha publicado en Lima un grueso tomo donde se reúnen diecinueve relatos. Del realismo mágico, a la realidad sin muchos trucos ni reparos.

Fernando Ampuero (Lima, 1949) inició su trayectoria literaria en 1972, con un título que había sonado en los ecos de las paredes francesas en mayo del 68, Paren el mundo que acá me bajo (revisado y ampliado más tarde con el nombre de Deliremos juntos). Le siguió la novela Miraflores’ Melody. Dedicado durante varios años al periodismo en prensa y en televisión, y tras un volumen de crónicas y reportajes en los años ochenta, el agitado trance de sobrevivir a un naufragio en 1991 le devolvió, dicen, a la creación literaria: publicó entonces la novela Caramelo verde (1992), los libros de cuentos Malos modales (1994) y Bicho raro (1996), y el poemario Voces de luna llena (1998).

Por convicción del periodismo y de su propia arte poética, Ampuero concibe el narrar como una claridad que debe llegar al lector de manera inmediata y directa. Algunos de los cuentos más brillantes tienen como protagonistas o narradores a adolescentes que abren de sopetón, de par en par, las puertas de la vida: el largo Malos modales, el iniciático Pánico en la clínica de tartamudos… Otros, con personajes estrambóticos, recuerdan al mejor Capote y a Salinger.

En el prólogo, los comentarios de Gustavo Faveron Patriau interpretan lúcidamente las líneas esenciales y el desarrollo de este narrador, en ocasiones con denso contenido sensual y con una equiparación -como tropo literario, según atenúa el prologuista- de amor y sexualidad. Sobre los cuentos de Ampuero afirma que dejan una “puerta entreabierta a la redención”. Su interpretación de cierto pasaje del magistral Taxi Driver sin Robert de Niro lo confirma rotundamente. Y la imagen con que cierra su estudio define la estética de Fernando Ampuero, heredero de los experimentalismos pero aferrado a la conciencia de la realidad: sus relatos, “fervientemente contemporáneos, con un pie en lo irracional y otro en lo fáctico”, en los hechos del verismo diario, son “como soñar con un ojo abierto”.

Joseluís González