Cuentos completos

Seix Barral.

Barcelona (2012).

572 págs.

25 € (papel) / 15,99 € (E-pub).

Traducción: Esther Cross y Carlos Ribalta.

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William Goyen (Texas, 1915-1983) es un prestigioso escritor sureño poco traducido hasta ahora al castellano. Entre 1934 y 1982 escribió 39 relatos que se publican ahora íntegramente en español por vez primera. Con anterioridad, en 2011 la editorial Páginas de Espuma publicó una antología (La misma sangre y otros cuentos) donde figuran sus mejores relatos.

Hay abundante presencia de la Texas rural de su infancia, ambiente en el que se desarrollan casi todas las historias. Otro punto en común es el tema de la vuelta al hogar como redención: “todo se estropea al crecer”, pero cabe recuperar en el pasado las ilusiones primeras. Con los recuerdos nos alejamos del error, del desencanto y la pérdida y recobramos la felicidad, muchas veces representada por la belleza y la naturaleza (idea magistralmente relatada en “La rosa”). Es un escritor por otro lado muy atraído por el fenómeno religioso, o más exactamente, espiritual, que muestra abiertamente la relación con Dios como elemento esencial de nuestras vidas (por ejemplo, en “La Biblia de los Seadown”).

Además de los recuerdos, tenemos la presencia de lo intangible. En los relatos abundan los sueños, lo mágico, las supersticiones, pequeñas fugas del mundo real. Este tono mítico y gótico es nota característica de la literatura sureña norteamericana, como también lo es el tremendismo, la violencia de las pasiones (especialmente de la lujuria) y el racismo (crudísimo “Si tuviera cien bocas”, relato de incesto y linchamiento estilo KKK). Salvo en este punto, poco tiene que ver Goyen con Faulkner, O’Connor, Porter o Welty.

La naturaleza, lo rural, la infancia, los lazos de la sangre y la muerte son elementos que configuran muchas de las piezas, que con frecuencia empiezan como relatos orales. Su estilo es profundo, delicado y triste como sus historias. Serio y a veces solemne (esas frases repetidas como un eco, sobre todo en los relatos primeros). El lector no siempre se sentirá interesado por los personajes y sus breves peripecias, sino que debe descubrir más bien el valor del tono global simbólico, visionario, onírico y mítico, algo alejado de la narrativa más sencilla y convencional.