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Cuando asedien tu faz cuarenta inviernos

EDITORIAL

CIUDAD Y AÑO DE EDICIÓNCáceres (2015)

Nº PÁGINAS304 págs.

PRECIO PAPEL19,95 €

TRADUCCIÓN

GÉNERO

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Una versión de esta reseña se publicó en el servicio impreso 79/15

Reúne este volumen las cuatro novelas cortas que la editorial Periférica ha publicado hasta la fecha de esta autora. Mary Ann Clark Bremer (1928-1986), hija de padre norteamericano y madre alemana, llevó una vida muy cosmopolita, con continuos viajes por América y Europa. En 1970 empezó a escribir sus memorias, que publicó en diferentes editoriales y con seudónimo. Este volumen incluye como novedad un breve relato, Cuando asedien tu faz cuarenta inviernos, que da título al conjunto.

Una biblioteca de verano, la primera novela,es un buen ejemplo de su literatura memorialística. De manera muy sobria y leve, Clark Bremer cuenta unos años de su vida. Tras perder a sus padres en la Segunda Guerra Mundial, se traslada a Francia, donde un tío suyo, recién fallecido, poseía una hermosa mansión. Durante unas semanas se hace cargo de su voluminosa biblioteca, que pone a disposición de los vecinos. El libro acaba cuando conoce al que más tarde sería su marido y se traslada con él a Israel en 1950.

Cuando acabe el invierno es la continuación del relato anterior. Comienza años después de la muerte de su marido en la guerra árabe-israelí de 1956. La autora atraviesa una larga temporada desorientada, e intenta aliviar su tristeza viajando por todo el mundo en busca de algo que dé sentido a su vida. No lo consigue en la relación que mantiene con un hombre fracasado; gracias a algunas amigas, y a la constante compañía de los libros de Virginia Woolf, encuentra la fuerza necesaria para salir adelante.

La tercera novela, El librero de París y la princesa rusa, está concebida como un paréntesis, pues ni la autora ni sus recuerdos son el centro de la narración. Instalada en París, la autora entabla amistad con una noble rusa exiliada. El tema principal es la relación de la princesa con un librero parisino. Aunque ninguno de los dos confiesa su amor, el trato frecuente suscita una incipiente y leve atracción.

Por último, en Una pasión parecida al miedo la autora cuenta la afinidad que siente por D., una persona que, como ella, arrastra un trágico pasado a sus espaldas. Los dos se encuentran en un hotel de Berna y comparten durante esos días confidencias e historias en las que descubren que, por sus vivencias, son dos almas gemelas. La narración, breve e intensa, incluye varios relatos literarios que D. le contó durante esos días de mucha nieve en Berna.

En todos sus libros, Mary Ann Clark rememora su vida con breves pinceladas. Más que desarrollar un argumento cerrado, se apoya en las intuiciones e insinuaciones que de alguna manera hacen mella en su delicada alma. Por eso todo tiene un aire vaporoso donde el peso de la narración cae en las sensaciones y la nostalgia. La autora proporciona pocas informaciones y se detiene en minúsculos detalles. Lo determinante es mostrar, aunque sea de manera tenue, su exquisita sensibilidad y su intimidad. La levedad va unida a una fragmentariedad un tanto caótica con la que va almacenando recuerdos e ideas de unos años repletos de viajes, nuevas amistades, cosmopolitismo y el nuevo rumbo, más auténtico, que quiere dar a su vida.

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