Corre, Benito, corre

José Luis Olaizola

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Palabra. Madrid (2002). 107 págs. 8 €.

Benito y su familia se trasladan a Madrid, donde su padre ha encontrado un nuevo trabajo. Los cambios respecto a la vida en el pueblo son muy significativos, y a Benito, más que a su hermana Verónica, le cuesta hacerse a ellos. El ambiente en el instituto no es muy fácil. Además, Benito tiene como compañero de clase a un chaval conflictivo, Honorato, que vive en uno de esos barrios marginales dedicados al tráfico de drogas. Las cosas se le ponen peor todavía a Benito cuando Honorato se apunta al equipo de atletismo del instituto, donde Benito es una sólida promesa. Poco a poco, sin embargo, y a pesar del carácter arisco de Honorato, empiezan a entablar una tibia amistad. Gracias a Verónica, que colabora en una actividad asistencial en el poblado marginal, Benito descubre la dura vida de Honorato: su padre está en la cárcel y su madre está enganchada a la droga, aunque está luchando por salir de ella.

Novela muy bien llevada, con personajes atractivos y muy de ahora, que plantea soluciones positivas a los problemas que padecen un buen número de adolescentes, especialmente de las grandes ciudades. Gracias a la manera de abordar los problemas de Verónica, Benito y algunos profesores, nunca está todo perdido, aunque lo parezca, y siempre existe la posibilidad de engancharse a la vida. Olaizola vuelve a demostrar una llamativa soltura narrativa, un sentido del humor que se agradece en este tipo de novelas y una manera optimista de describir el mundo de los adolescentes.

Adolfo Torrecilla