Corazón de perro. La Isla Púrpura

Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores.
Barcelona (1999).
300 págs.
3.200 ptas.
Traducción: Ricardo San Vicente y Selma Ancira.

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Nuevo volumen de La tragedia de la cultura, excelente colección que rescata a importantes autores rusos perseguidos durante la época estalinista: Bábel, Ajmátova, Pásternak, Marina Tsvietáieva… y ahora Bulgákov (1891-1940). Junto a los textos, se ofrecen algunos documentos sacados recientemente de los archivos del KGB, como botones de muestra de las represalias y condenas a estos autores. En este volumen hay que destacar los extractos de la carta que el autor de Morfina y El maestro y Margarita (reeditada hace poco en Alianza) escribió al gobierno de la URSS en 1928, en un intento desesperado de librarse de la persecución iniciada en 1922. Se trata de una valiente defensa de la libertad de expresión, que tuvo penosas consecuencias para el escritor: los ataques a su persona y la prohibición de sus obras se intensificaron. Probablemente, la grave enfermedad hereditaria de la que murió en 1940 impidió que sufriera la cárcel o la condena a muerte, como tantos compatriotas suyos en aquellos terribles años.

Corazón de perro (1925) es una crítica de la revolución bolchevique, expresada a través de un relato de ciencia-ficción (no hay que olvidar que Bulgákov era médico). Un científico extrae el cerebro y las glándulas sexuales de un muerto y los implanta a un perro callejero, pero la humanización del animal resultará altamente peligrosa. La crítica de Bulgákov es mordaz, llena de rasgos humorísticos, inteligente, arriesgada.

Esto resulta más patente en La isla Púrpura, una obra de teatro genial, que se estrenó en diciembre de 1928 (las representaciones se prohibieron unos meses más tarde, junto con otras obras de Bulgákov). En ésta, hay recursos que recuerdan el teatro humorístico de Miguel Mihura, las películas de los hermanos Marx o el teatro del absurdo, por poner algunos ejemplos. La estructura teatral, la comicidad, la intensidad de los cuatro actos y del epílogo atrapan, y Bulgákov afila su sátira acerca de la censura, de la creación artística, de los abusos tanto del capitalismo como de la revolución bolchevique… Como tantos escritores rusos, Bulgákov podrá gustar o disgustar, pero nunca deja indiferente.

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