Conversación en Sicilia

TÍTULO ORIGINALConversazione in Sicilia

GÉNERO

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Gadir. Madrid (2004). 224 págs. 17,50 €. Traducción: Carlos Manzano.

“Conversación en Sicilia” apareció en entregas, entre 1938 y 1939. El éxito de esta obra convirtió a Elio Vittorini en un autor influyente con sus ensayos y con la dirección de revistas culturales “Conversación en Sicilia” es una cima en su producción que el mismo Vittorini calificó de “novela melodramática”.

Hijo de un ferroviario, Elio Vittorini (1908-1966) gastó su infancia en estaciones pueblerinas de una Sicilia profunda que abandonó a los diecisiete años para convertirse en escritor autodidacta e izquierdista. Por eso no nos extraña que “Conversación en Sicilia” comience con un viaje en tren (una constante en su narrativa) al pueblo en que vive la madre para revisar la historia personal y familiar. La novela termina con una charla de gran fuerza simbólica entre Silvestro, el protagonista, y los amigos de un afilador ambulante.

“Conversación en Sicilia” es el conjunto de un viaje y unas conversaciones. Por la abundancia del diálogo frente a la acción recuerda a una obra teatral. Sus diálogos son fragmentarios, llenos de sobreentendidos y estáticos, que ni progresan, ni concluyen; con finales abiertos. Unos diálogos sobrios, pero llenos de repeticiones más o menos musicales, que hacen pensar en la poesía de Ungharetti o de Salvatore Quasimodo con cuya hermana estuvo casado Vittorini. Por tales repeticiones, que están más cerca del poema que del diálogo narrativo, entendemos la anterior afirmación de que esta obra es una novela “melodramática”. Lo dramático, y ahora no me refiero a la forma, lo pone la pobreza de la montaña siciliana. Una pobreza que se hace presente en todas las páginas y que causa dolor a Silvestro, cuyo sufrimiento no es “por uno mismo”, sino “por el mundo ofendido”.

Aunque en España se califica al autor de “neorrealista”, este libro es plenamente simbólico, a veces onírico y, como ya se ha dicho, lírico. Vitttorini consigue hacer música con la pobreza, también de la expresión. Gracias a ese lirismo acusatorio y a la fuerza simbólica de sus capítulos finales, supera el carácter de documento social. Esto es lo que le salva de haber periclitado cuando, en nuestros días, ya no reconocemos ni Sicilia, ni esa sociedad.

Rafael Díaz Riera

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