Conjeturas sobre un sable

TÍTULO ORIGINALIllazioni su una sciabola

GÉNERO

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Anagrama. Barcelona (1994). 105 págs. 1.050 ptas.

Conjeturas sobre un sable se publicó en Italia en 1985; es, por tanto, la primera novela de Claudio Magris (Triste, 1939). Después vinieron El Danubio (1986) y Otro mar (1991), además de su colección de ensayos El anillo de Clarisse, un análisis personal sobre las claves de la literatura contemporánea.

Para Magris, esta novela “es la historia de una ingenuidad, el relato de un embaucador embaucado”. Krasnov, un patético general cosaco, ocupó militarmente la zona de Carnia, próxima a Trieste, entre octubre de 1944 y mayo de 1945 con la esperanza, así se lo habían prometido los alemanes, sus aliados, de crear un “Kosakenland”, una futura patria cosaca autónoma. La personalidad, la figura y el incierto destino final de este viejo general cosaco es el motivo de la investigación histórica que realiza un sacerdote italiano. En una carta a un amigo reflexiona, en un tono íntimo y melancólico, sobre los avatares de este caduco Atamán y su ejército errante. Las referencias a Krasnov se mezclan con alusiones a su situación personal -el narrador, ya anciano, vive en una residencia- y con reflexiones sobre la historia que se cuenta.

El libro no es, por tanto, sólo una recreación histórica de un general, Piotr Krasnov, con nostalgias zaristas y aristocráticas, que emprendió una aventura equivocada con un ejército harapiento e intrépido, y que desapareció grotescamente engañado por las autoridades nazis. Conjeturas sobre un sable es, antes que nada, una excusa para reflexionar sobre las falsificaciones y mentiras de la Historia y el destino del hombre. Recordando los restos aparecidos en una tumba donde se piensa que estaba enterrado Krasnov, entre los que sobresale la empuñadura de un sable, el narrador nos dice: “Aquella empuñadura que afloró entre los tormos de tierra (…) me lleva a pensar en la brevedad de la vida pero también en la duración de nuestra vida”.

El recurso al análisis histórico, que de alguna manera condiciona la narración, es sólo un ingrediente literario más. El cálido punto de vista, la sobriedad expresiva y la nostalgia frente al paso del tiempo son las calidades más sobresalientes de un relato histórico que, como dice el narrador, acabará convirtiéndose en un documento más de la melancolía.

Adolfo Torrecilla

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