Cita en Samarra

Lumen. Barcelona (2008). 312 págs. 21,90 €. Traducción: Miguel Temprano.

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Ambientada a inicios de la década de los treinta, en plena Depresión, la acción de Cita en Samarra transcurre en la Pensilvania natal de su autor, el periodista y guionista John O’Hara (1905-1970), excelente narrador que vio cómo su vida daba tumbos por culpa del alcohol. Y el alcohol es también protagonista de esta novela que describe la vida de la alta sociedad de Gibbsville en la Navidad de 1930, durante tres días repletos de fiestas y bailes donde el alcohol provoca no pocos incidentes. Uno de ellos, un enfrentamiento entre Julian English y Harry Reilly, es el detonante de la novela y el inicio de la decadencia de un hombre destruido por la bebida y el orgullo. El autor conoce muy bien lo que está contando y todo tiene el cierto aroma de lo verosímil, con una galería de interesantes personajes secundarios.

Julian está casado con Caroline. Aunque los dos están enamorados, el incidente de Julian, que ya corre como la pólvora por la ciudad, provoca no pocas fricciones entre ellos, acelerando las discusiones y provocando que el egotista carácter de Julian tome decisiones precipitadas sobre su vida profesional, social y familiar.

O’Hara tiene muy buen oído para los diálogos. Los personajes hablan y se expresan cómo son. Dejándoles hablar y actuar, se describe el microcosmos social de la alta sociedad de Gibbsville, con sus luces y sombras, quizás lo más interesante de esta novela, un poco descompensada en su estructura al introducir demasiadas digresiones que alejan la acción del nudo principal. O’Hara quiere explicar los antecedentes de los personajes, su proceso de formación, su evolución personal y social. Eso viene bien para los personajes principales, pero con el resto se pierde intensidad. Y otro punto interesante es la descripción de un matrimonio angustiado y en crisis. Julian se refugia de todos los problemas en el alcohol.

La novela se publicó en 1935. El editor le exigió algunos recortes para reducir su contenido sexual. El retrato que hace O’Hara de este mundo cerrado es muy mordaz, dejando al descubierto muchas de sus limitaciones. Los personajes sólo piensan en satisfacer sus placeres inmediatos y en mantener su estatus social, que moldea y condiciona las relaciones humanas de Gibbsville.

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