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Cine e ideología

EDITORIAL

CIUDAD Y AÑO DE EDICIÓNBarcelona (2015)

Nº PÁGINAS175 págs.

PRECIO PAPEL17 €

GÉNERO,

Con verbo ágil y certero y una incorrección política que levanta ampollas en el pensamiento posmoderno, el profesor y crítico cinematográfico Juan Orellana da en la diana de los nuevos dogmas y cánones hechos celuloide tras el falsamente preconizado “ocaso de las ideologías”.

“El polen de la cosmovisión marxista ha seguido circulando y fecundando innumerables aspectos de la vida social y personal, hasta el punto de que las semillas marxistas siguen estando en la base de la cultura dominante del siglo XXI”, dice Orellana. Aunando la profundidad teórica con la amena aplicación práctica, el autor estructura su obra en torno a tres capítulos que muestran este resurgir ideológico a lo ave fénix.

En “Las huellas del marxismo” realiza el trayecto desde la nostalgia de mayo del 68 hasta la revisión histórica, analizando películas como On the Road (Walter Salles), adaptación de la novela de Kerouac, o Soñadores (Bertolucci), para continuar camino en las nuevas luchas de clases, de corte doctrinario y anacrónico, con exponentes como Ken Loach y Konstantinos Costa-Gavras. En este contexto, Orellana distingue un paisaje variopinto que incluye las nuevas distopías de Gatacca o Divergente y el anticlericalismo irredento de Los girasoles ciegos (José Luis Cuerda) o Camino (Javier Fesser).

“El paganismo que nunca se fue” aborda la destitución de Dios y su transformación en “un fantasma informe moldeable al servicio de la imaginación y fantasías de cada cual”, donde en el mejor de los casos existe una lucha entre el bien y el mal en términos de desigualdad. “Dios ha sido expulsado del ámbito de lo real –concluye Orellana– para compartir el mundo ficticio de las hadas y seres fantásticos”. Entre ellos, los muertos “no muertos” de Dos hermanas (Kim Jee-Woo) y El sexto sentido (Shyamalan); los endemoniados de Stigmata (Wainwright) o Pactar con el diablo (Hackford), las mencionadas hadas y la ciencia como nueva religión.

El último capítulo, “Y el cine salió del armario” describe la instrumentalización que la ideología de género ha hecho del cine, desde su visibilidad antes del 68 hasta la hegemonía gay y el cine LGBT, pasando por el trauma del sida en los años ochenta y la conquista del celuloide con el cambio de siglo.

El libro nace de una propuesta de la editorial Stella Maris al autor, que ha tratado estas cuestiones en su ejercicio docente a lo largo de los años y en otros libros como Cine y posmodernidad (2013) o Celuloide posmoderno: narcisismo y autenticidad en el cine actual (2010). Orellana puso como condición que no se centrara únicamente en denunciar el prêt-à-porter de la ideología, sino que incluyera ejemplos donde el guion se ciñera a historias y personajes veraces.

Así es. Cine e ideología, además de poner el dedo en la llaga, recoge un buen número de películas más interesantes y menos interesadas, y es especialmente útil para docentes, estudiantes y aficionados al cine. Solo conviene tener en cuenta que, por el objeto de estudio, puede dejar una impresión poco positiva y halagüeña a quienes no estén al tanto de otro cine independiente de las servidumbres de grandes productoras y subvenciones públicas, que se va abriendo paso en los últimos años.

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