Cinco novelas cortas

Alba. Barcelona (2008). 440 págs. 32 €. Traducción: Víctor Gallego.

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Antón Chéjov (1860-1904) ha pasado a la historia de la literatura como uno de los grandes del teatro y el relato corto. Sin embargo, el autor de La dama del perrito y El jardín de los cerezos fue también un maestro de la novela corta, y hay que agradecer a Alba la remembranza de esa faceta menos conocida de su obra.

En la selección que ha preparado el especialista Víctor Gallego, compuesta por cinco narraciones, no hay un solo título que no merezca el calificativo de “clásico”. El flujo de ideas, la riqueza de los conflictos planteados y los matices que adornan a cada uno de los personajes hacen de esta lectura un gozo permanente y luminoso.

Como señala Gallego en el prólogo, el autor “se concentra, por lo general, en uno o dos protagonistas, en torno a los cuales gravitan un puñado de individuos menores”. Esos protagonistas son, en Una historia aburrida, un profesor de medicina que, en tono elegíaco y con la callada desesperación de un náufrago, se despide de un mundo que nunca lo ha comprendido y al que él ha sido también ajeno; en El duelo, un joven e infeliz funcionario destinado en el Cáucaso que, tras dos años de convivencia con una mujer casada, ha dejado de quererla y no sabe cómo escapar de ese ambiente; en La sala número seis -obra que anuncia el tortuoso universo de Kafka-, un médico de un hospital psiquiátrico que descubre en sus propias carnes la relatividad de la locura y la ineficacia de toda filosofía contemplativa; en Relato de un desconocido, un sirviente prendado de una mujer que, a su vez, ama a un sujeto impasible y egoísta; y en Tres años, un hastiado matrimonio que se ha quedado ya sin preguntas ni respuestas.

Cuando, en ese último relato, un personaje afirma que “Moscú es una ciudad a la que aún le queda mucho por sufrir”, sentimos que los seres a que Chéjov dio vida en sus páginas son semejantes a esa ciudad: criaturas cazadas en un momento de dolor, indecisión o renuncia, y a las que, tal vez por la compasión que suscitan, es imposible no querer.

La arquitectura narrativa es impecable, y el autor se muestra tan diestro en el manejo de la primera como en el de la tercera persona.

Hay que precisar que estas historias, publicadas entre 1889 y 1895, participan de la temprana madurez de un genio cuya biografía se vislumbra en algunas de las piezas. Como los protagonistas de Una historia aburrida y La sala número seis y como el temeroso Samóilenko de El duelo, Chéjov fue médico, y murió de tuberculosis, enfermedad que sufre el narrador de Relato de un desconocido.

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