Chico de barrio

Libros del Asteroide. Barcelona (2008). 181 págs. 14,96 €. Traducción: Carlos Manzano.

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Ermanno Olmi (1931) es un italiano director de cine, con obras tan claves y bien hechas como El empleo, El árbol de los zuecos y La leyenda del santo bebedor. Este Chico de barrio iba para película pero, al no ser posible, se transformó en libro. Para bien de los lectores, porque es una obra sencilla, directa y honrada.

La novela está contada en primera persona por un chico de doce o trece años, a partir de 1940 y durante los años en los que Italia, guiada por Mussolini, se metió en la guerra mundial, al lado de Alemania. Pero la guerra es, en los recuerdos del adolescente sólo como un telón de fondo. Mucho más importante son los sucesos que va descubriendo y, antes que nada, los de su propia interioridad, los afectos, las emociones, las chicas que empiezan a gustarle.

La novela trata, en realidad, de una educación sentimental, pero sin alardes psicológicos o pseudopsicológicos, como suele ser frecuente en estos casos, sino con la naturalidad de una experiencia vivida, con la normalidad de un chico de barrio. Quienes hayan visto las películas de Olmi notarán que esto es lo mismo, pero en escritura. Los personajes de Olmi nunca son discordantes y siempre se asoman a la vida con una encantadora ingenuidad.

No hay personajes que centren la trama, que es muy exigua, o que adquieran un relieve desorbitado. Todo se desarrolla en el clima entre emocionante y aburrido del final de la infancia. Lo que casi todo el mundo ha vivido y muchos de la misma forma. Lo que para el adulto no será importante, pero que en el adolescente es trascendental.

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