Carta a mi mujer

Planeta. Barcelona (2008). 174 págs. 22 €.

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Se recupera ahora un texto inédito de Francisco Umbral (ver Aceprensa 89/07) dedicado a su mujer, de nombre España, y que escribió entre 1985 y 1986. Poco antes de morir en 2007, había rescatado el original con la intención de prepararlo para su publicación. Veinte años tardó, pues, Umbral en decidirse a publicar un libro que a diferencia de la mayoría de sus narraciones esquiva la crónica social y periodística y se centra, como Mortal y rosa y Un ser de lejanías, en su intimidad.

Sin embargo, cuesta que Umbral abra de par en par su corazón y exprese lo que lleva dentro; continuamente se queda a las puertas de contarnos sus sentimientos, que disfraza con todo tipo de metáforas que le permiten escabullirse de situaciones más o menos delicadas gracias al hábil manejo de las palabras.

El libro está escrito en su casa de campo de la afueras de Madrid. Las referencias al jardín, las flores, la naturaleza son constantes y la relación que tiene con el entorno es muy distinta a la que tendría en Madrid. Todo le da pie para hablar de su vida y de su mujer, pero el retrato aparece siempre brumoso, pues la carta a su mujer parece la excusa, otra más, para que Umbral hable de muchas cosas personales, desde su radical subjetividad. Que nadie espere encontrar una descripción de su relación con España, su mujer, ni un relato de sus años en común: “Ninguna enseñanza, aquí, sobre la vida. Esto no es un manual del perfecto matrimonio imperfecto”.

Como suele pasar en la mayoría de sus libros, pero todavía más en los que intenta escapar de la dictadura de la actualidad, lo más interesante es el tratamiento del estilo, donde Umbral vuelve a demostrar su maestría. En estas páginas brilla su reconocible prosa repleta de hallazgos poéticos, que no podía utilizar en el resto de sus libros, aunque algunos pasajes repiten recursos muy utilizados por el autor en sus escritos; cuando escribe sobre el sexo y el erotismo, uno de sus temas preferidos, el libro cae en picado. Algunos ha querido comparar este texto con Mortal y rosa; sin embargo, hay que reconocer que hay mucha distancia entre los dos, en intensidad y en calidad; en este caso, el hilo conductor es más liviano y, quizás, bastante más artificial.

Aunque el libro está dedicado a su mujer, los aciertos aparecen más, curiosamente, cuando Umbral habla de sí mismo que de su mujer, a la que aquí llama María, frases y comentarios que ayudan a profundizar en su carácter y en su poética: “no quiero interiorizar nada, quiero ser exterior”, “yo soy chamarilero de mi vida”, “yo soy rehén de la actualidad”, “sólo visito mis cementerios interiores por motivos literarios”…

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