Caracol Beach

Eliseo Alberto

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Alfaguara. Madrid (1998). 365 págs. 2.900 ptas.

Con esta novela, Eliseo Alberto ha compartido junto con el nicaragüense Sergio Ramírez el Premio Internacional Alfaguara en su primera edición. Eliseo Alberto (La Habana, 1951) ha publicado con anterioridad dos libros en España: la magnífica novela La eternidad por fin comienza un lunes (ver servicio 61/95) y su libro de memorias Informe contra mí mismo (1997), en el que explicaba sus tormentosas relaciones con el régimen cubano y su exilio en México, donde además de dedicarse a la literatura es profesor de guiones cinematográficos, algunos de los cuales han sido llevados al cine, como el de Guantanamera (ver servicio 110/95). En esta novela están claramente separados -quizá demasiado- los planos narrativo y estilístico. El texto está concebido casi como un guión de cine.

Un soldado cubano que está participando en la guerra de Angola se vuelve loco después de una dramática expedición militar. En vez de regresar a Cuba, decide buscar trabajo en Estados Unidos, en el balneario de Caracol Beach, en Florida. Allí trabaja en un cementerio de coches, a pocos kilómetros de una pacífica zona residencial. Pero sus obsesiones no desaparecen sino que van en aumento hasta provocarle una peligrosa crisis, la última, la que se cuenta en esta novela. El trágico final se sabe desde el principio y su autor va desmenuzando la historia poco a poco, con saltos en el tiempo, e incorporando otro tipo de textos, como el diario que el protagonista escribe en Angola.

Eliseo Alberto demuestra poseer una rica imaginería verbal llena de expresiones y metáforas novedosas y un desarrollado oído para captar los matices de un coloquialismo en el que el castellano abre las puertas a la influencia cubana.

El principal acierto de esta novela es el exigente tratamiento estilístico, aunque en esta ocasión -a diferencia de La eternidad por fin comienza un lunes- se echa en falta una mejor adecuación entre lo que se cuenta y el cómo. El argumento es poco novedoso, pues ni la historia ni los personajes evitan el estereotipo.

Por otra parte, Eliseo Alberto quiere dotar a Caracol Beach de un leve mensaje moral, en este caso relacionado con el poder del amor -“no amar a nadie es una inmoralidad”-, pero las reflexiones sobre este asunto parecen forzadas y simplistas. Además, algunas de las historias secundarias caen en picado porque se detienen en innecesarias descripciones eróticas y defienden relaciones sexuales casi enfermizas.

Adolfo Torrecilla

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