Calendas griegas

TÍTULO ORIGINALCalende greche

GÉNERO

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Anagrama. Barcelona (1993). 240 págs. 1.500 ptas.

En la Apostilla final, Bufalino (Sicilia, 1920) afirma: “‘Calendas griegas’ se dice, como es sabido, de días imposibles, que jamás existirán. Sin embargo, aquí se refiere a días que no fueron nunca o fueron de otra manera, y que el autor va inventando paulatinamente al desarrollar la parábola de una existencia imaginaria”. Se trata de unas memorias poco convencionales, en las que el autor selecciona unos hechos, silencia o distorsiona otros…, según su peculiar visión de la existencia humana. De ahí el subtítulo “Fragmentos de una vida imaginaria”, aunque el punto de referencia es siempre la biografía del autor.

La narración comienza en el claustro materno y sigue en cuatro capítulos: infancia y pubertad, juventud, madurez, vejez y muerte. Sicilia, la Segunda Guerra Mundial, el regreso a su tierra y el trabajo como profesor enmarcan el relato, en el que son frecuentes los saltos en el tiempo, cuando un recuerdo resucita otros anteriores. Sin embargo, lo importante no es la descripción de los hechos, sino cómo están narrados y el punto de vista del autor.

Bufalino cuida el estilo; su frase es elegante, sonora; abundan los aforismos, las metáforas y comparaciones sugerentes, el lirismo. A lo largo del libro, mezcla la primera, la segunda y la tercera personas, y recurre a fragmentos en verso o a modo de diario, a diálogos teatrales, al monólogo intimista, y a la descripción más tradicional, según convenga a la situación del narrador. Éste es el aspecto más interesante del libro, junto con la ironía, que recuerda a Quevedo, por ejemplo, en la descripción de una visita al médico: el autor es buen conocedor de la literatura del Siglo de Oro.

Sin embargo, el fondo del libro está muy lejos del “polvo serán, mas polvo enamorado” quevedesco. Porque Gesualdo Bufalino ve la existencia como un relativo ir hacia la muerte sin rumbo ni sentido, y sin esperanza. Así el amor resulta imposible y se reduce a escarceos de burdel o a encuentros penosos y circunstanciales, descritos con más o menos detalle. Esta actitud contrasta con el diálogo imaginario entre el narrador y sus padres, lleno de sentido común, en el que éstos tratan de corregir su modo de vida. Lo mismo podría decirse de otros asuntos, como la amistad, el dolor, el sentido de la historia… En este aspecto, uno tiene la impresión de que el punto de vista de Gesualdo Bufalino está ya muy repetido a lo largo de este fin de siglo y poco aporta para salir de sus redes. Varía la forma, Bufalino sabe expresarlo, pero esto es poco.

Luis Ramoneda

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