A cada cual, lo suyo

Tusquets. Barcelona (2009). 156 págs. 14 €. Traducción: Juan Manuel Salmerón.

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El siciliano Leonardo Sciascia (1921-1989) está considerado como un clásico del siglo XX. En España se han publicado ya quincena novelas, entre las que destacan El día de la lechuza, El Consejo de Egipto, El caballero y la muerte, Puertas abiertas, El contexto, La bruja y el capitán o La desaparición de Majorana. Comprometido por sus ideas políticas, su obra literaria y periodística le sirve para denunciar el abuso de poder y, por eso, el talante de su narrativa suele moverse en el ámbito de lo histórico.

Una gran parte de su creación literaria se desarrolla en la Sicilia de la posguerra, donde la mafia, con su peculiar actividad y proyección social, se hace el eje de algunos de sus argumentos. Además de criticar el ambiente social y la conducta de un pueblo rendido ante los abusos del poder dominante, Sciascia no pierde oportunidad para hacerlo desde una actitud política de izquierdas, con protagonistas que llevan la fama de comunistas, aunque tampoco se alinean en el partido, al que con frecuencia también reprueban. En algunas novelas generaliza con un prototipo de caciques a la derecha política -y con los eclesiásticos que allí se arriman- y les proyecta ese poder opresor, de injusticia manifiesta y flagrante, de doble moral y de hipocresía como sistema de relación social.

A cada cual, lo suyo, una de sus primeras novelas (escrita en 1963), se sitúa en esta línea comentada. En un pueblo de Sicilia, tras llegarle por correo un anónimo al farmacéutico, es asesinado durante una jornada de caza junto a otra víctima, el respetado médico Roscio. La policía no parece aclararse en la investigación, pero el profesor de secundaria Laurana, culto y considerado por sus vecinos comunista -aunque más bien es un liberal radical, como lo fue el propio Sciascia- se había fijado que la misiva amenazadora estaba escrita con recortes del diario católico L’Osservatore Romano, pues su logotipo con la frase Uniquique suum -“A cada cual, lo suyo”- figuraba en el reverso del texto.

Laurana se va involucrando en una investigación hasta convertir se el protagonista de una novela que quzás fuerce demasiado las situaciones y abuse de la carga ideológica. Irónica hasta el sarcasmo, emplea el humor para diluir su fondo agrio y dramático, y llega incluso a escenas que rozan el sainete, como cuando los contertulios del casino, entre juegos de palabras eróticos, analizan las conductas hipócritas y los deseos ocultos de sus paisanos.

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