Bioderecho: entre la vida y la muerte

Andrés Ollero

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Thomson-Aranzadi. Pamplona (2006). 272 págs. 30 €.

Desde su privilegiada atalaya como profesor de Filosofía del Derecho y diputado durante más de trece años (el primer trabajo recogido en este volumen es de 1993), Andrés Ollero se ha referido a casi todos los temas de trascendencia constitucional relacionados con el bioderecho. La obra que comentamos muestra una clara coherencia en las posturas adoptadas y una firme defensa de la dignidad de la persona, como piedra de toque del juicio sobre la nueva disciplina jurídica.

Si sus comentarios sobre la eutanasia, la reproducción asistida o el aborto son valiosos para la argumentación concreta, para formar criterios en quien busque un impecable razonamiento jurídico que sea coherente con una firme postura moral, lo más relevante del libro es el acierto en ubicar el bioderecho respecto a otras disciplinas y denunciar los riesgos a los que está sometido.

Aunque esto pueda parecer una cuestión teórica, no lo es en forma alguna. En una sociedad plenamente democrática, la distinción entre las exigencias propias del derecho y las propuestas morales más o menos perfeccionistas es vital. Ollero prueba cómo la determinación del estatuto del embrión o la proscripción de la eutanasia se encuentran entre las primeras y no entre las segundas. Por el contrario, es una postura moral extrema, basada en el deseo individual como único criterio de determinación, la que ha disuelto el concepto de derecho subjetivo y la que subyace en la imposición en el derecho de las posturas maximalistas.

Especialmente aguda es la denuncia de la arbitrariedad que surge de ese nuevo derecho vinculado a la mera reivindicación. Si el único criterio es el reconocimiento de una exigencia, el derecho queda reducido a la distinción entre las demandas que el legislador tiene a bien aceptar y las que rechaza. En sentido estricto, ya no se reivindica un derecho, sino la benevolencia o la imposición por la fuerza del reconocimiento. Las razones por las que unas pretensiones morales dan en derechos y otras no, distan de estar claras, pero Andrés Ollero las atribuye a la ideología.

Desde estas conclusiones es fácil describir cuál es el papel al que se ha reducido al bioderecho. Aparece apenas como un instrumento subordinado de la biopolítica para construir desde la norma un consenso moral forzoso.

José Miguel Serrano Ruiz-Calderón

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