Billy Mentiroso

Ediciones del Viento. La Coruña (2008). 272 págs. 12 €. Traducción: Susana Carral Martínez.

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Billy Fisher vive en Yorkshire con sus padres y su abuela, trabaja en una funeraria, y sueña con escribir guiones para un programa de televisión. Durante un sábado cualquiera, seguimos sus andanzas por el barrio, conocemos a su familia, a sus “novias”, sus jefes y sus amigos, y descubrimos su principal problema: un exceso de imaginación, que le lleva a evadirse a un mundo paralelo, Ambrosía, y a no afrontar las responsabilidades de la vida cotidiana. “Las cosas hay que hacerlas bien. Hay que pensarlas”, trata de inculcarle su jefe.

Entre la rebeldía de un Stephen Dedalus y el descaro de un Holden Caulfield, Billy Fisher, desubicado en su búsqueda de una expresión y un sentimiento propios, tiene también algo de los “jóvenes airados” que, dando palos de ciego, iniciaron un movimiento contestarlo en la Inglaterra de los años cincuenta y sesenta. No obstante, la indisciplina de Billy es tan pueril, que resulta sencillo vaticinar, desde las primeras líneas, el fracaso o, más bien, la moratoria de sus sueños.

El autor, el periodista y guionista Keith Waterhouse, nacido en Leeds, conoce muy bien a su personaje, y describe a la perfección los ambientes en que se mueve: el local donde actúa y es humillado por un público indiferente, el pub en que desayuna, la oficina donde trabaja, las afueras, la sala de fiestas… ¿Cómo no ver en algunas de estas páginas el recuerdo de sus inicios profesionales?

Novela de iniciación y aprendizaje, Billy Mentiroso es, ante todo, un brillante y deleitoso ejercicio de estilo, que convence, además, por su estructura. Durante las escasas horas en que se desarrolla la acción, el protagonista y narrador se enfrenta a sus superiores y quema las naves de sus relaciones afectivas, descubre el sexo en brazos de una enigmática y alocada muchacha, y también la muerte; y ve cómo su reino de ficción se tambalea ante las exigencias de una realidad gris y apisonadora. Pero el tono es siempre afable y sereno, y Billy no se quita su máscara de humor ni siquiera en los momentos más amargos.

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