bellas histéricas y literatas

Bellas, histéricas y literatas

EDITORIAL

CIUDAD Y AÑO DE EDICIÓNPamplona (2025)

Nº PÁGINAS261 págs.

PRECIO PAPEL19,90 €

PRECIO DIGITAL13,99 €

GÉNERO

Este libro, con el que la autora ganó el Premio Ernestina de Champourcin a estudios sobre las mujeres, otorgado por la Universidad de Navarra, examina la condición femenina en la España decimonónica a la luz de la literatura realista de la época. Como precisa el subtítulo, el principal referente de la obra es La Regenta, de Clarín. Pero también se citan textos de otros escritores españoles: Emilia Pardo Bazán, Benito Pérez Galdós, Concepción Arenal, Rosalía de Castro… Y no faltan alusiones a dos grandes novelas extranjeras: Madame Bovary, de Gustave Flaubert, y Ana Karénina, de Lev Tolstói. La doctora Mercedes Ten Doménech maneja las fuentes con soltura de historiadora y, como profesora de Filosofía del Derecho, saca a la luz la significación jurídica y social de lo que describen. 

Como explica la autora, las mujeres de la época habían de ser, en primer lugar, bellas, para resultar atractivas a un buen partido; pues a la que no tenía vocación religiosa no se le ofrecía otra carrera que el matrimonio. Privadas, por costumbre y ley, de independencia económica y aun civil, su destino era la unión –y sumisión– a un marido, y su peligro aterrador, la soltería. La consecuencia más visible era lo que se dio en llamar “coquetismo”: la obsesión por la moda y el maquillaje. Imperaban los polisones, miriñaques y corsés, que realzaban el busto y estrechaban el talle hasta extremos artificiosos e insalubres (antes de indignarse por aquellas usanzas retrógradas, habría que recordar que en nuestros tiempos, más igualitarios, la moda a veces es igualmente cruel con los cuerpos femeninos, y que el coquetismo de entonces viene a ser la “cosmesticorexia” de hoy).

Histéricas acababan muchas por efecto de las exigencias y constricciones a que estaban sujetas. Se atribuía a las mujeres un carácter esencialmente emotivo y se las educaba para agradar. Se les asignaba la misión de ser el “ángel del hogar”, y la falta de otros trabajos y actividades en que emplear sus energías favorecían las crisis nerviosas. Aunque, como anota la autora, la reclusión en casa era propia de la burguesía: las de clase modesta, que habían de ganarse el pan, no podían permitírsela, y las aristócratas tenían una intensa vida social, y bien podían decir “a ver y a ser vista voy”, como la hermosa de El gran teatro del mundo.

Literatas se las puede llamar, en cuanto lectoras empedernidas de novelas rosas, que exaltaban los sentimientos y el poder de seducir, lo que bien se puede parangonar con la actual literatura para consumo femenino. En cualquier caso, la omnipresencia de “nerviosillas” en la de aquel tiempo, señala Mercedes Ten, muestra que el “histerismo” era una afección extendida. A la vez, la vida imitaba el arte, de suerte que los libros románticos eran estímulo de lo mismo que reflejaban, al incitar a su público a identificarse con las desmayadas heroínas de ficción. También las novelas realistas retrataban personajes de ese tipo, pero –al igual que las obras de crítica social– denunciaban la deficiente educación y la discriminación de que era objeto la mujer, y las señalaba como las verdaderas causas del coquetismo y de la histeria.

Por tanto, si las fuentes contemporáneas atestiguan los modos de pensar y los usos de la época, la autora descubre en ellas tanto la defensa como la acusación. Así hace ver que la evolución de mentalidades y costumbres no obedece a una impersonal ley de hierro. La mueven gentes que no las suscriben, junto con diversos fenómenos colectivos de los que no es fácil identificar la autoría. Por ejemplo, Ten observa que en el abandono de las prendas opresivas, probablemente influyó menos el incipiente feminismo que la difusión de la bicicleta. En fin, Bellas, histéricas y literatas no es solamente un estudio histórico: tiene un alto valor como análisis del cambio social.

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