Este libro estará en esa estantería de las librerías con otros libros prácticos que, sin ser de autoayuda, tienen ciertos rasgos de sentido común: eso es lo realmente interesante del libro. El lector cultivado y virtuoso, al que no hace mella la publicidad y está más satisfecho de ser que de tener, no descubrirá algo nuevo en este libro; pero aquellos que no consideran suficiente el trabajo y ocupaciones que tienen, ni la información a la que acceden, ni los objetos tecnológicos o de cualquier tipo que poseen, pueden encontrar entretenido ver el enfoque de este periodista del Daily Telegraph, The Times y otros rotativos.
Cómo podemos dejar de desear más información, más comida, más trabajo, si hemos evolucionado desde la Edad de Piedra, o el Pleistoceno -da igual para Naish-, gracias a los esquemas de supervivencia y de procurar acumular. Este argumento supuestamente científico es el punto de partida adoptado por Naish y refrendado por múltiples estudios de científicos de universidades prestigiosas, de los que, por supuesto, no cita su lugar de publicación.
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El rasgo de sentido común del libro es que, incluso más allá del necesario e inevitable planteamiento ecológico, Naish apela a la ecología personal, a la necesidad de darnos cuenta de que para ser felices no es necesario adquirir cada vez más cosas para elevar nuestro estatus social. Compararnos con lo que tienen o hacen los demás nos lleva a acumular muchos objetos inútiles, a trabajar más horas para poder comprarlos, a procurar conectarnos al correo electrónico y al móvil de forma compulsiva y, en resumen, a no estar nunca verdaderamente satisfechos ni tranquilos. Practicar el sentido de lo suficiente, pensar antes de adquirir un nuevo objeto, es un planteamiento de sensatez anticonsumista muy recomendable, con o sin crisis.